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Nicaragua: Lecciones de un pais que no complet贸 la revoluci贸n PDF Imprimir E-Mail
escrito por CMR   
viernes, 15 de diciembre de 2006
1 . EL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO:
UN GIGANTE CON PIÉS DE BARRO
Autor : Claudio Villa
Fecha : ( 11-Noviembre-2004 )
Categoria : Historia

E

n julio de 1979 la revolución en Nicaragua derrocó a la dictadura de Somoza tras 40 años de despiadada represión. Por primera vez en la histora del país, el imperialismo norteamericano no se encontraba con fuerza y confianza suficientes como para intervenir militarmente por quinta vez. Tras haber EEUU financiado y armado durante décadas a la dictadura, ahora los gobiernos norteamericanos de Jimmy Carter y Ronald Reagan se víeron obligados a tragar la revolución y luego basarse en el sabotaje económico y los paramilitares de la Contra (inyectando unos 100 millones de dólares en el bolsillo de la reacción).

El imperialismo norteamericano acababa de ser expulsado de Vietnam y había sufrido la oposición de millones de jóvenes, trabajadores y soldados en su propio territorio. No podía tolerar una nueva Cuba pero tampoco podía evitarla militarmente. Las dictaduras asesinas en El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua y Argentina (cuya lucha sacudió el continente) se encontraban tiemblando bajo los golpes de la lucha de clases, la presión de la clase obrera y de la juventud de Costa Rica, Panamá, México, Venezuela y sobre todo Colombia le ataban las manos al imperialismo en América Latina y el Caribe. Los gobiernos burgueses de Herrera Campins (y el ex presidente Carlos Andrés Pérez), Carazo, Torrijos y el Pri mejicano rezaban porque Nicaragua no siguiera el ejemplo de Cuba. En Costa Rica, los estudiantes movilizados impidieron el desarrollo logístico de las bases militares norteamericanas. Más al sur, la clase obrera de Sao Paulo se organizaba en la CUT y el PT y causaba la crisis de la dictadura de los militares. En Perú también había una situación parecida a la de Brasil y el pueblo cubano había sabido resistir al embargo y a veinte años de presión yanqui convirtiéndose en un símbolo de lucha anticapitalista en todo el mundo.

Por si no fuera suficiente, el imperialismo iba a recibir el golpe tremendo de la revolución Iraní, de un gobierno de izquierdas en Afghanistán y los primeros temblores de la dictadura de Ferdinando Marcos en Filipinas: estaba en juego el control de todo Asia central y Oriente. En el medio de todo esto, las cosas empezaban a ponerse feas en Nicaragua, que el imperialismo consideraba parte de su patio trasero. En Europa se vivía la caída de la dictadura de Francisco Franco en España igual que pocos años antes habían caído las dictaduras en Grecia y Portugal. La decada de los setenta había sido de fuerte polarización en toda Europa. El contexto que explica la debilidad del imperialismo norteamericano fue resumido en una frase del secretario de estado adjunto para América Central, Viran P.Vaky: “El verdadero problema que se plantea a los Estados Unidos en su política exterior no es el de tratar de preservar la estabilidad frente a las revoluciones, sino de intentar que surja una estabilidad de las revoluciones” (informe al Congreso de EEUU, 11 de septiembre de 1979) Es decir, no podemos evitar las revoluciones, solo podemos intentar que no acaben igual que en Cuba.

El derrocamiento de la dictadura de Anastacio Somoza en Nicaragua anunció un cambio radical en la vida de los trabajadores y campesinos del país, que de esta manera se acercaban a romper con la pesadilla de la miseria. Bajo la dictadura de Somoza las enfermedades comunes mataban más del 30% de los niños en el campo; tras la revolución la mortalidad infantil bajó al 8% y más de un millón de personas fueron vacunadas en una campaña de masas. El consumo de trigo aumentó en un 33%, el arroz en un 30% y las legumbres en un 40%. En el último período de la dictadura 1.000 médicos solían visitar a 200.000 personas al año; con el gobierno sandinista se licenciaron 500 médicos por año atendiendo el sistema sanitario 6.000.000 de visitas al año. Más de 300.000 viviendas y parcelas edificables fueron entragadas gratuitamente.

El 75% de la población nunca había abierto un libro antes de la revolución y el 60% eran analfabetos; en 1987 el porcentaje de analfabetismo bajó hasta el 14% gracias a la construcción de 1.200 escuelas. El 24 de marzo de 1980 una muchedumbre de jóvenes y maestros subían a las montañas de Nicaragua, se extendían por los campos y se movilizaban en los barrios en la cruzada de alfabetización.

En 150 días de épicos combates contra la ignorancia de siglos 406.000 nicaragüenses habían aprendido a leer y a escribir. Las organizaciones de masas, de campesinos, trabajadores y mujeres, se constituyeron en insustituibles puntales para el éxito de la campaña de alfabetización. En las montañas del norte, en las selvas del atlántico y en las llanuras del pacífico cayeron 56 maestros y alumnos y otros 7 fueron asesinados por comandos de la guardia de Somoza.

Estas reformas de la revolución atrayeron las simpatías y la colaboración de jóvenes y trabajadores de todo el mundo. Sin embargo, Nicaragua ha vuelto en el presente a ser un país pobre igual que el resto de América Central. ¿Cómo pudo el pueblo volver a la miseria, después de la revolución? ¿Cómo es posible que Nicaragua volviese a tener un gobierno reaccionario de oligarcas?

Responder a estas preguntas es vital para aprender de la historia. Venezuela se encuentra en plena revolución y antes la misma encrucijada. La clave del triunfo de la revolución bolivariana y socialista de Venezuela está en entender los errores del pasado y estar preparados para no volver a cometerlos. En este documento queremos explicar los logros y los errores de la revolución nicaraguense para con ellos sacar la mejor de las lecciones que nos lleve a la victoria de las próximas e inevitables revoluciones en el continente americano, empezando por Venezuela.

 

2 . SANDINO, EL GENERAL DE LOS HOMBRES LIBRES

I

gual que todos los países de Latino América y el Caribe, Nicaragua fue constantemente saqueada, explotada e invadida por el imperialismo. En particular la burguesía de EEUU necesitaba controlar este país porque del punto de vista estratégico y comercial permitía una fácil conexión entre el Océano Atlántico y el Pacífico. Augusto César Sandino, hijo de una familia campesina pobre, fue el primero en luchar contra el imperialismo en Nicaragua y comenzó una guerra de guerrilas que duró seis años de 1927 hasta 1932.

Sandino empezó su lucha con 29 combatientes reclutados entre obreros de las minas y logró juntar 3.000 guerrilleros que procedían de los campesinos, de los pobres de las ciudades y de la juventud internacionalista de todo el continente. Su lucha octuvo el apoyo de los revolucionarios del mundo entero. Se cuenta que pancartas “¡Viva Sandino!” aparecieron en Pekín y Shangai en 1927.

La guerrilla de Sandino se enfrentó con los marines norteamericanos y el ejército regular. El régimen, que no podía aplastar el movimiento, respondió con el terror contra los campesinos: fusilamientos de masas, torturas sitemáticas, castigos públicos, etc., contra la población civil por parte de la Guardia Nacional instruida por EEUU. Se utilizaron 70 bombarderos norteamericanos igual que iba a suceder 40 años más tarde en Vietnam. En 1932 Sandino aceptó rendirse a cambio de la promesa de la retirada de las tropas norteamericanas y la garantía de respetar a los guerrilleros. Esta ingenuidad le costó la vida a todo su ejército y a él mismo. El 21 de febrero de 1934 Augusto César Sandino fue asesinado tras una cena-trampa con el presidente liberal y títere de Washington Bautista Sacasa. Anastacio Somoza García declaró más tarde: “Fui a la embajada USA donde tuve un coloquio con el embajador Arthur Bliss, el cual me aseguró que el gobierno de Washington recomienda la eliminación de Augusto Sandino porque le considera un perturbador de la paz en el país”.

Sandino condujo una lucha heroica pero no suficiente para vencer: en su pensamiento había una debilidad de fondo que todavía permanece en la política del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) setenta años después. El objetivo de Sandino se limitaba a la liberación de la presencia militar extranjera, con la colaboración de la burguesía nacional-colonial, sin necesidad de revoluciones. En sus palabras: “Ni extrema derecha, ni extrema izquierda, nuestra consigna es el frente unido. En este caso no es ilógico que nuestra lucha acepte la colaboración de todas las clases sociales sin “ismos” o clasificaciones”.

El sectarismo estalinista del Pc nicaraguense (es decir el PSN, Partido Socialista de Nicaragua) empujó a Sandino entre brazos burgueses. Su asesinato abrió el camino al golpe de estado de la Guardia Nacional y a 42 años de dictadura de la familia Somoza, con la aprobación de Moscú y los ‘comunistas’ del PSN hasta 1973. No obstante, pese a la represión, no toda la oposición fue aplastada. En Managua se organizó en clandestinidad la Confederación de Trabajadores de Managua (CTM) con 3.000 afiliados.

La familia Somoza empezó a acumular una enorme fortuna y se calcula que en 1979 superaba los 150 millones de dólares, la posesión de 150 fábricas por una total del 25% de la industria y el 10% de la tierra. La linea aérea, un canal de televisión, un periódico y la filial de la Mercedes Benz también eran suyas. Dijo de Somoza Franklin Roosevelt, presidente de EEUU: “Somoza tal vez sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

La ‘tutela’ militar norteamericana protegía los intereses industriales imperialistas y sus inversiones en América Central, que costituían el 80% de la región. Entre 1950 y 1979, fueron 4900 los oficiales y soldados que viajaron a EEUU para ser formados. Nicaragua se convirtió en la base estratégica del imperialismo en América Central: de ahí salió en abril de 1961 la operación de la Bahía de Cochinos (Playa Girón) contra la revolución cubana.

 

3 . EL DESARROLLO INDUSTRIAL DE LOS AÑOS 50 Y 60

L

a industrialización creó una clase obrera en las ciudades. En 1970 la industria ligera constituía el 24% de la economía, mientras la agricultura había bajado al 23%. La población agrícola bajó del 60% de 1960 al 44% de 1977. En 1975 los obreros representaban el 18% de la fuerza laboral, un porcentaje muy superior al de Rusia en 1917.

La concentración de la propiedad de la tierra se acentuó: un puñado de propietarios poseía el 45% de las tierras cultivadas, mientras que el 20% de los pequeños propietarios poseía el otro 40%. Los campesinos pobres sólo poseían el 14% de la tierra, a pesar de ser el 78% de la población del campo junto con los 310.000 jornaleros. Las masas explotadas sufrieron mucho durante aquel boom económico de los 50 y los 60. Entre 1969 y 1974 una recesión y el desastroso terremoto que destruyó Managua (1972) golpearon el país causando por un tiempo el cierre del 37% de la industria y la frustración de las expectativas de mejora de la vida por parte de los asalariados.

Sin embargo, ya en 1973 la clase trabajadora había protagonizado una hola huelguística tan fuerte como para obligar el PSN a romper por primera vez con el dictador. A pesar del empuje obrero, el PSN se alió con otro enemigo de clase obrera que también acababa de romper con Somoza: la familia Chamorro, banquera, terrateniente y agroexportadora, con la cual constituyó la UDEL (Union Democrática de Liberación). De hecho, la burguesía colonial y exportadora de Nicaragua estaba muy fastidiada por la competencia económica de la familia Somoza y por la negativa del dictador en compartir el poder político con los terratenientes, banqueros y capitanes de la industria ligera nacionales.

4 . LA NATURALEZA DEL FRENTE SANDINISTA

A

partir de 1973 avanzaba la actividad reivindicativa del movimiento obrero a pasos agigantados, sin que la dictadura pudiera acallarla. El sector más combativo fueron los trabajadores de la construcción que el 1977 coincidieron con la ofensiva guerrillera de los Sandinistas en el campo y en algunas ciudades de las provincias. Pero, desde su origen el Frente Sandinista de Liberación Nacional –FSLN- no había tenido raíces firmes entre los trabajadores.

El FSLN nació al apartarse algunos estudiantes de clase media del partido comunista, el PSN, por aceptar el estalinismo sin más el régimen somocista. De hecho la formación del FSLN fue una consecuencia directa y la respuesta de la pequeña burguesía nacionalista a la bancarrota política del estalinismo en América Central. Lo mismo había pasado anteriormente en Cuba donde el Partido Socialista Popular (el partido comunista maniobrado por Moscú) había frenado el escenso revolucionario de los años 30 para luego apoyar al gobierno de Batista hasta 1943.

Así fue que a comienzo de los 60 el joven Carlos Fonseca Amador salió del PSN y reunió a su alrededor unos estudiantes que formaron el primer núcleo del sandinismo guerrillero. La Revolución Cubana tuvo sin duda su efecto en la formación del FSLN. El programa político no dejaba de ser reformista y sus puntos decisivos eran: 1) Lucha sin cuartel al somocismo para construir una Nicaragua capitalista y democrática más avanzada; 2) Alianza entre las masas oprimidas y la burguesía nacional, antes y después de derrocar al somocismo; 3) El sector más izquierdista del frente creía además en la teoría estalinista y reformista de las 2 etapas: primero una revolución democrática para llevar el país al nivel del capitalismo avanzado, luego en un futuro lejano la lucha por el socialismo. Esta teoría es completamente antimarxista e irreal, porque no surge de un análisis científico de la realidad, sino que refleja por un lado el deseo del estalinismo de frenar las revoluciones para el bien de la estabilidad de la burocracia; por el otro lado refleja la identificación de la pequeña burguesía y de la socialdemocracia con los intereses de la gran burguesía colonial, aunque esta sea una mera apéndice del imperialismo.

Se trata del mismo reformismo que Marx, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburg y Ché Guevara combatieron a lo largo de todas sus vidas. Cabe preguntarse: ¿Porqué la teoría reformista es falsa, ayer en Nicaragua igual que hoy en Venezuela o en cualquier otro país? La respuesta está resumida en la experiencia de los últimos 100 años de historia, reflejados en la teoría de la Revolución Permanente que León Trotsky desarrolló basandose en el análisis materialista dialéctico de la sociedad capitalista.

Aquí en Venezuela hay un refrán muy popular que resume eficazmente la teoría y la realidad de la revolución permanente: “los ricos ya están completos”. Bajo el capitalismo, ningún país del mundo puede desarrollarse al nivel que lo hicieron los países capitalistas avanzados. Esto se da porque la burguesía de los países avanzados es dueña de las multinacionales, del sector financiero internacional, de los organismos imperialistas FMI, Banco Mundial, etc. y por ello ejerce una dominación absoluta sobre las débiles y cobardes burguesías nacional-coloniales de América Central y Latina, África y Asia. Las multinacionales se enriquecen saqueando materias primas y explotando mano de obra menos que barata. Por ejemplo, la libra de café y muchos más productos naturales extraídos de sus colonias tienen para las multinacionales el mismo precio que hace 50 años.

Las burguesías nacionales en que tanto confía el FSLN se formaron demasiado tarde en la escena histórica y lo hicieron según las condiciones impuestas por los países capitalistas avanzados. Fue el imperialismo que las plasmó para dominar a los pueblos de Asia, África y América Latina: así funcionan como simple y vergonzosa apéndice o lugartenienetes imperiales. Estas burguesías nacional-coloniales se enriquecen debido a su posición de intermediario entre el imperialismo de los países capitalistas avanzados y las masas pobres, trabajadoras e indígenas a las que contribuyen a explotar. Desde la Guerra de Independencia hace casi dos siglos, las burguesías ‘nacionales’ de América Latina y Central no han sido capaces de realizar el programa de Simon Bolívar: reforma agraria con abolición del latifundismo, integracíon solidaria del continente y plena soberanía, desarrollo económico y social independiente del imperialismo, abolición de la miseria social.

La expulsión del capitalismo y de sus lugartenientes de Rusia en 1917, de China en 1945 y de Cuba en 1960 demostró que el desarrollo social de los países industrialmente atrasados solo puede darse sobre bases económicas no capitalistas. Es decir, sobre bases económicas socialistas que rompan con la propiedad privada de los medios de producción y de la finanza. No hay excepciones a esta ley. Y la historia demuestra que no acaba aquí la cosa: hasta una economía colectivizada y centralizada puede desarrollarse a largo plazo solamente sobre las bases de la participación total y democrática de los trabajadores de las ciudades y del campo y la extensión internacional de la revolución.

El socialismo, un sistema social más avanzado y que por lo tanto deberá de reemplazar al capitalismo, no puede construirse en un solo país o en pocos países aislados por grandes que sean (como China o Rúsia). El socialismo necesita la unión solidaria y la integración completa de los países revolucionarios (recursos culturales y tecnológicos), la más amplia democrácia obrera y un aparato estatal ligero, organizado directamente por la misma clase trabajadora.

Estas condiciones no se mantuvieron en Rusia debido a la derrota de la revoluciones en Hungría y Alemania (1918-19 y 1923), Italia (1919-21), China (1925-27) y España (1931-37). El nuevo estado soviético se quedó aislado y sitiado militarmente por el capitalismo durante treinta años y por eso degeneró en una dictadura de la burocrácia. Cuando finalmente triunfaron las revoluciones en China (1945) y Cuba (1959), los dirigentes revolucionarios no encontraron otro modelo que la URSS ya burocratizada y transformada en estado policial por el régimen estalinista. De la Revolución de 1917 tan solo quedaba la economía planificada.

Esta misma burocracia ‘soviética’ mandaba en el partido comunista de Nicaragua debido a que representaba a los ojos de las masas la bandera revolucionaria y bolchevique del Octubre de 1917. El FSLN había roto lazos con el PSN, pero seguía siendo su ‘hijo’ en cuanto a la política reformista. Durante los primeros quince años, la lucha de los Sandinistas se quedó aislada en las provincias y apartada del conjunto de la clase trabajadora; solo a mediados de los setenta empezó a suscitar su interés y simpatía en la lucha contra la dictadura.

5 . LOS TRABAJADORES NO AGUANTARON MÁS
... Y COMENZÓ LA REVOLUCIÓN

A

terrorizada por la movilización de la clase obrera, la burguesía nacional ‘no somocista’ (apoyada por el PSN y demás estalinistas en el frente UDEL liderado por el multimillionario Joaquín Chamorro y su diario La Prensa) intentó pactar con el FSLN para dar una alternativa a Somoza, pero sin perder los privilegios que la dictadura le había asegurado. A pesar del apoyo que le dio EEUU, Joaquín Chamorro fue asesinado por orden de Somoza el 10 de enero de 1978. Los sindicatos obreros y la Udel convocaron huelga general por el día 24: más de 120.000 trabajadores y personas de capa medio-baja participaron en los funerales de Joaquín Chamorro en Managua, asustando a los propios liberales, que tenáin más miedo al pueblo que a la dictadura. En 1978 ya se hablaba de guerra civil y enfrentamientos armados en León, Estelí, Chirandega y Masaya entre revolucionarios y Guardia Nacional. La Guardia Nacional bombardeaba ciudades enteras llegando a matar a 5.000 personas en una semana. Se calcula que el los dos años de guerra civil la dictadura mató al 2% de la población, o sea 50.000 personas.

Por primera vez los trabajadores de las ciudades se movilizaban de manera masiva e independiente con consignas políticas. Pero la falta de una dirección revolucionaria de los trabajadores hizo que fuera el FSLN en concentrar toda la admiración y las expectativas de la clase obrera, aunque sólo contaban los Sandinistas con 500 guerrilleros armados. El FSLN, liderado por Humberto y Daniel Ortega, Jaime Wheelock y Tomás Borge, llamó a principios de junio de 1979 a la movilización general y empezó desde Costa Rica la ofensiva final en las provincias. Las masas de Managua y las principales ciudades ya estaban en lucha desde el mes de mayo y empezaban la huelga revolucionaria final. Los sectores más combativos de la clase obrera llevarían un total del 11 semanas de huelga general, dejando a los dirigentes sindicales estalinistas a la cola del movimiento y obligandoles a adecuarse a la situación.

De hecho las columnas guerrilleras entraron el 19 de julio en Managua con la capital ya liberada porque la Guardia Nacional acabó aplastada por el movimiento. Somoza había huído dos días antes protegido por Jimmy Carter y la dictadura había caído. La Guardia Nacional, financiada hasta los últimos días por EEUU huyó a las províncias para reorganizarse y sentar las bases de la Contra. La movilización de la clase obrera, los campesinos y la pequeña burguesía había sido decisiva para el derrumbe del estado somocista.

A la lucha revolucionaria también habían contribuido decenas de brigadistas de todo el continente, especialmente desde Colombia donde los militantes trotskystas del PST movilizaron la brigada “Simón Bolívar” y algunos de ellos contribuyeron con su sangre a la derrota de la Guardia Nacional somocista.

6 . REFORMA O REVOLUCIÓN: EL CARÁCTER DEL ESTADO

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iles de mujeres y hombres de la clase obrera aprovecharon el triunfo logrado para exigir con las huelgas unas mejoras inmediatas y el pago de los salarios caídos con la huelga revolucionaria. Pues la burguesía nicaraguense quería disfrutar de las aperturas políticas de los Sandinistas, cuando había sido el pueblo en verter su sangre para echar a Somoza del país. Sin embargo, a diferencia de Rusia en las revoluciones de 1905 y 1917, en estos meses revolucionarios no se formaron en Nicaragua organismos de poder obrero en las ciudades y por ello el vacío de poder tras la victoria revolucionaria fue llenado completamente por la guerrilla del FSLN y los exponentes de la burguesía urbana.

En lugar del poder popular basado en asambleas y comités de trabajadores y campesinos (la genuina democracia obrera) se aplicó al nuevo estado la estructura jerarquizada de la guerrilla, igual que en la revolución cubana. El defecto de esta organización, según la visión marxista, es que no permite la participación de las masas en la toma de decisiones, en la elección y revocación de sus dirigentes, es decir, el control del estado y de los funcionarios públicos. La incuestionable superioridad de la democracia obrera, frente a otros tipos de regímenes surgidos también de procesos revolucionarios, consiste en sus mecanismos democráticos para contrarrestar la burocratización.

Lenin explicaba con razón que habían que darse algunas condiciones imprescindibles para que en una revolución el poder sea efectivamente ejercido por el pueblo. Lenin no hablaba genéricamente de ‘poder popular’. En sus escritos “El estado y la revolución” , “Las tesis de abril”, “La catástrofe que nos amenaza y como combatirla”, el dirigente bolchevique desarrolló a la luz de la experiencia revolucionaria la teoría del estado de Carlos Marx.

En breve: la clase trabajadora no puede utilizar la máquina estatal burguesa para governar. El engranaje militar, parlamentario, judiciario e ideológico burgués está hecho a medida de la dictadura de la burguesía: es el instrumento principal de la dominación de la clase burguesa sobre la clase trabajadora y demás sectores oprimidos. El estado burgués no sirve para el ‘poder popular’ porque está plagado de trampas que impiden la verdadera participación popular.

Lo que hace falta para dominar a la burguesía hasta acabar con su poder económico, político y militar es una nueva estructura realmente popular basada en las formas naturales de organización de la clase trabajadora en lucha:

1) Todo el poder de la cuidad debe de quedar en mano de los comités revolucionarios elegidos por todos los habitantes revolucionarios movilizados en las parroquias, barrios, y así subiendo hasta el municipio, etc.
- que todo el poder de las fábricas, empresas, bancos, medios de comunicación, etc. esté en mano de los comités elegidos en las asambleas revolucionarias de los trabajadores de cada sector.
- todo el poder del estado se sintetice en un comando general de la revolución elegido, controlado y revocable por los comités obreros y campesinos así que la burguesía sea totalmente excluida del poder político. No al parlamento burgués, no al gobierno burgués, no al poder judicial burgués.
- cada delegado o representante tiene que ser elegible y revocable en cualquier momento por las bases que lo votaron. Ningún funcionario del nuevo estado tiene que percibir un salario superior al salario medio de un trabajador. Así es como se combate la burocracia.

2) Milicia popular basada en la clase trabajadora y el campesinado pobre, y no ejército tradicional separado de la población por los muros de los cuarteles.
- oficiales elegidos y revocables por la base de las milicias y controlados directamente por los comités revolucionarios barriales, parroquiales, campesinos (en el campo) y obreros (en las empresas).
- las armas tienen que ser controladas por los comités revolucionarios elegidos en los barrios, parroquias, pueblos y fábricas. Es con éstos que los soldados tienen que coordenar sus comités.

3) Nacionalización de las industrias más importantes y multinacionales bajo gestión de los trabajadores. Ninguna indemnización a los antiguos propietarios, salvo los pequeños accionistas que demuestren verdadera necesidad de ello.
- nacionalización del banco, aseguradoras y constructoras y fusión de los bancos privados y extranjeros en un único banco central revolucionario bajo control del comando general revolucionario y de los trabajadores organizados.
- monopolio total del comercio exterior y colectivización de la tierra de los grandes terratenientes y baldía.

Pero ¿que pasó en Nicaragua? Los funcionarios estatales sandinistas y no sandinistas empezaron cobrando en seguida 6 o 7 veces más de los trabajadores ordinarios, en una situación en la que el 50% de los trabajadores estaban desempleados. Los gerentes de la industria privada siguieron cobrando una media de 20-25 veces más que los obreros. Se nacionalizaron los bancos que estaban sin reservas y en quiebra y el gobierno asumió la deuda de las empresas privadas. Los bancos privados sufrían un agujero de 1800 millones de dólares causado por las deudas de estas empresas. Se nacionalizaron tan solo las empresas somocistas (el 25% de todo el país), las cuales estaban completamente descapitalizadas, abandonadas sin un céntimo por la familia Somoza. No se suspendió el pago de la deuda externa ni se repudió la deuda exterior somocista. Los trabajadores fueron excluidos de cualquier posibilidad de controlar las decisiones económicas mayores.

La máquina estatal somocista y su cuerpo armado (la Guardia Nacional) habían sido barridos por la revolución. Fue la dirección del FSLN quien, meses antes de tomar el poder, había pactado con la burguesía nacional e internacional una Junta de Reconstrucción Nacional (JRN) desde Costa Rica y Venezuela. En los meses anteriores, se había activado una labor frenética de pactos, reuniones y negociaciones en el exterior entre el FSLN, los representantes de la burguesía nicaraguense y los gobiernos burgueses Costa Rica, Venezuela, Panamá, México.

El objetivo central por parte de todos, incluso el FSLN, era negociar el carácter del nuevo estado tras la segura caída de Somoza y evitar que las masas de Nicaragua sobrepasasen los límites del capitalismo. El general Omar Torrijos de Panamá puso a su Guardia Nacional a coordenar las acciones del FSLN y asegurar una estructura burgués, vertical y burocrática para el nuevo ejército post-somocista, además de dar apoyo logístico y hombres a la ofensiva final de los Sandinistas. Las milicias formadas durante la lucha fueron disueltas por el comando sandinista, que se doblegó ante las presiones de la burguesía colonial (familia Chamorro y el frente UDEL) e internacional.

Las milicias populares revolucionarias siempre aterrorizan a la clase dominante, porque le quitan el control del aparato represivo estatal. Ésto pasó y pasará en todas revoluciones. El desarme del pueblo era la conditio sine qua non (la condición indispensable) para la ‘credibilidad democrático burguesa’ del Gobierno de Reconstrucción Nacional dirigido por los Sandinistas.

El 27 de julio, una semana después de la toma de Managua el jefe del Ejército Sandinista Humberto Ortega anunció la integración de la Milicia Popular dentro del nuevo ejército regular (asesorado por la GN de Panamá, entrenada años antes por oficiales norteamericanos y la CIA) y la creación de la Policía Sandinista (PNS) para quitarle a las bases revolucionarias y a los comités de defensa de la revolución (CDS) las tareas de orden público y control de las ciudades.

Otra política clave de todas revoluciones es la distribución de la tierra. La revolución había animado a los campesinos pobres y a los braceros, que empezaban a tomar las tierras. La Junta de Reconstrucción Nacional se lo impidió llegando a veces a utilizar como disuasorio a la mismísima y recién constituida Policía Nacional Sandinista. Para despejar todas dudas, intervino el Ministro de la Reforma Agraria ordenando que nadie intentara tomar tierras por su cuenta, aunque fuesen baldías o de los grandes terratenientes, porque el Ministerio de la Reforma Agraria recién establecido proveería en su momento. Dijo el sandinista Wheelock el 31 de julio: “No queremos dar rienda suelta al radicalismo; nosotros somos realistas”. Dos años más tarde Xavier Gorostiaga, miembro del Ministerio de Planificación, admitió en 1981 que “Poquísimas personas se dan cuenta de que el 80% de la producción agrícola está en manos del sector privado así como el 75% del sector industrial”; es decir, los privados controlaban el 72% de la producción del algodón, el 53% del café, el 58% del ganado, el 51% del azúcar, mientras que 200mil pequeños campesinos sólo poseen el 14% de la tierra. La verdad es que muchísimos jornaleros y campesinos pobres si se habían dado cuenta de como el FSLN frenaba la revolución.

En el plano institucional, los dirigentes Sandinistas gobernaron junto con la burguesía vendepatria durante los primeros meses de la revolución. Pero la crisis económica seguía y la burguesía, que ya estaba tranquilizada por haber el FSLN paralizado la revolución, dejó la patata caliente en mano de los Sandinistas. La primera ficha legislativa movida por el FSLN desde el Gobierno de Reconstrucción Nacional (de 5 miembros) fue instaurar el Consejo de Estado, un organismo democrático-burgués de 33 miembros en el cual participaban todas las fuerzas políticas sociales y gremiales que aceptaban el liderazgo sandinista, y que se tranformó en 1984 en la Asamblea Nacional de Nicaragua, que no dejaba de ser un parlamento burgués con mayoría de izquierdas.

De esta manera el FSLN mantenía la estructura de gobierno y legislativas típicas del estado capitalista. El poder ejecutivo se concentró en el Directorado Nacional presidido por el Presidente de la República. En 1984, más del 80% de los ciudadanos mayores de 16 años se inscribieron en pocos días en el censo electoral y los resultados electorales revelaron finalmente el enorme apoyo que las masas aseguraban al FSLN.

La hipocresía del imperialismo USA en su denuncia de la “represión en Nicaragua” superó todos los límites, ya que Nicaragua desde el punto de vista de la democrácia burguesa era en aquel momento el estado más democrático de América Central.

Un personaje llamado Arturo Cruz, dirigente del CDN (Coordenamiento Democrático Nacional .. y escuálido) participó junto con otros en las primeras fases del gobierno sandinista. En pocos meses este hombre se pasó a la Contra y denunció las elecciones de 1984 de antidemocráticas. La burguesía nunca acabó de aceptar el gobierno sandinista porque no era ‘su’ gobierno y no podía apoyarse en ello para gobernar a su manera. Los Sandinistas inutilmente intentaron llegar a acuerdos con ella. Paso a paso, en la ilusión de la búsqueda de una ‘burguesía progresista’, cedieron muchísimo terreno sobretodo en el campo económico.

Después de la victoria de la Revolución de 1979 el FSLN encauzó el tumultuoso desarrollo de las nuevos sindicatos en la central sindical sandinista CST, que era el resultado de la fusión de las 2 centrales sindicales controladas por los estalinistas. Los cuadros sindicales ‘comunistas’ aceptaron con entusiasmo la tarea de frenar las luchas obreras y la presión social de los desempleados y obreros. También fueron centralizadas las asociaciones de trabajadores agrícolas (ATC), el movimiento juvenil (MJS) y los Comités de Defensa Sandinistas (CDS) que eran barriales y parroquiales, parecidos a los CDR cubanos. El problema fue que ninguna de estas organizaciones de base tenía realmente poder y todas fueron pronto transformadas en correas de transmisión de las decisiones de arriba a abajo.

7 . LA ‘ECONOMÍA MIXTA’: TRAMPA MORTAL
(ADVERTENCIA A VENEZUELA)

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l FSLN decidió enseguida que la economía se mantuviera mixta, sin dejar espacio a ningún debate entre campesinos y trabajadores sobre los asuntos mayores de la revolución. El dirigente sandinista y ministro del gobierno Jaime Wheelock declaró el 21 de agosto 1979 al diario francés Le Monde que se oponía contundentemente a: “...todos aquellos que quieren acelerar la evolución del régimen de Nicaragua”. En el mismo sentido iba la actuación del otro dirigente sandinista y ministro del interior Tomás Borge. El comandante Humberto Ortega declaró: “La reconstrucción nacional debe servir para pasar a una etapa superior del desarrollo político y social, sin la cual no podría haber en Nicaragua una futura sociedad democrática liberal o de otro tipo […]Nosotros definimos que [la reconstrucción nacional] es una etapa de la revolución democrático-popular” (diario Granma, 2 de septiembre de 1979).

El imperialismo podía relajarse: el peligro había pasado. Para asegurar el resultado burgués de la revolución, muchos dirigentes socialdemócratas de peso habían aterrizado en el aeropuerto de Managua: Felipe González del PSOE español a la cabeza (31 de julio), los ‘socialistas’ franceses, Mario Soares del Partido Socialista Portugués, la socialdemocracia sueca y belga, la SPD alemana, los dirigentes reformistas italianos del Partido Comunista, etc. La socialdemocracia internacional garantizó y organizó la recolección de préstamos en Europa para que Nicaragua pudiera cumplir con la deuda externa. Un ejemplo de internacionalismo reformista al servicio del gran capital. Enseguida llegó el reconocimiento de la OEA y detrás el dinero desde Venezuela, Costa Rica, Panamá, Europa; empezaron a llegar buques de comida y medicamentos desde los mismos EEUU.

Pocas semanas después de la huída de Somoza el imperialismo había comprendido claramente los mensajes amistosos del FSLN y suspiraba aliviado desde su posición de debilidad. Jimmy Carter dijo el 11 de septiembre de1979: “Estoy satisfecho con el gobierno nicaragüense”, mientras el Subsecretario de Estado Warren Christopher anunciaba el día siguiente al diario El Espectador de Bogotá: “El Gobierno del Presidente Jimmy Carter pidió al Congreso una ayuda de 11 millones de dólares para Nicaragua, al fin de reforzar la política moderada y pluralista de su nuevo gobierno revolucionario. La orientación del Gobierno, como se ha revelado por su política inicial, ha sido en general moderada y pluralista y no marxista o cubana”. El 28 de octubre de 1979 apareció hasta el fantasma-ONU con su resolución que exhortaba a la solidaridad económica con Nicaragua.

Como explicamos al principio del documento la revolución consiguió avances considerables en el terreno social. Pero a diferencia de la Revolución Cubana, gran parte de la economía fue dejada en manos de las multinacionales (como los colosos americanos General Mills y Exxon, el segundo más grande del mundo en aquellos años) y de la burguesía nicaragüense. El plan económico sandinista, llamado ‘Plan de Lucha’ explicaba: “Nos ponemos el objetivo de regular la participación en el desarrollo de nuestro país de los capitales extranjeros de otros Estados y de empresas privadas en el contexto de una economía mixta, la cual ofrece espacio al funcionamiento de las empresas de ambos sectores de propiedad popular y privados que respondan a los intereses del desarrollo nacional”. Hablando en plata, el ‘Plan de Lucha’ admitía el control imperialista de sectores muy importantes de la economía.

En resumidas cuentas: los Sandinistas habían golpeado a la burguesía arrebatándole buena parte del poder político, pero habían dejado en sus manos un arma decisiva para socavar las conquistas de la Revolución Nicaraguense. Mientras el gobierno subsidiaba a los privados recortandoles hasta los impuestos para obtener su benevolencia y cooperación, ellos boicoteaban la economía y apoyaban logisticamente a los Contras.

El sector público significó el 14% del PNB en 1977 y creció hasta el 41% en 1980 tras algunas expropiaciones, pero 6 años después de la revolución (en 1985) el país funcionaba al ritmo de tan sólo el 60% de la capacidad productiva. En 1981 los intereses sobre la deuda exterior se comieron el 40% de los ingresos de las exportaciones. La estrechez de la base productiva de un país tan pequeño como Nicaragua, con menos habitantes que las metrópolis de Caracas o La Habana, era una realidad que imponía una verdadera iniciativa revolucionaria como la expulsión de la burguesía y una federación económica y socialista con Cuba para poder empezar un desarrollo real. Pero Moscú y La Habana consideraron la Revolución nicaraguense como una cuestión interna de los Sandinistas y aprobaron sin reservas la política económica del FSLN.

8 . EL PAPEL DE MOSCÚ Y EL DE LA HABANA

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a incomprensión de la naturaleza de la burguesía por parte del FSLN es el elemento central del problema. Por otra parte, la burocracia de Moscú que estaba provocando el trágico declive de la URSS se alegró de no tener que hacer demasiados esfuerzos para detener el proceso de Nicaragua. Hasta el intercambio comercial entre Moscú y Managua fue siempre muy limitado. Moscú no quería problemas con los yanquis en America Central y Latina y seguía la política de la convivencia diplomática con los EEUU. Todo lo hizo menos ayudar los procesos revolucionarios latinoamericanos.

¿Porqué? La respuesta es que la burocracia ‘soviética’ le tenía miedo a la revolución en cualquier país, porque podía dificultar su objetivo conservador de mantener la ‘coexistencia pacífica’ entre su esfera de influencia y la del imperialismo. La burocrácia de Moscú se proclamaba comunista, socialista, etc., pero no quería ver el socialismo ni en casa ni fuera. No es un caso que el gobierno de Moscú había odiado profundamente al Ché y anteriormente tampoco había apoyado la profundización la Revolución Cubana. Sin embargo, dos años después del triunfo de Castro, la burocracia ‘soviética’ tuvo que aceptar la expulsión del capitalismo de Cuba (1960) como hecho consumado e hizo lo que pudo porque la revolución no se extendiese al resto del continente.


En 1979 y 1980 el Gobierno cubano llamó a una campaña de superación en la solidaridad con Nicaragua. Se dirigió a todos los países capitalistas de América incluso EEUU y del mundo, pero curiosamente no hizo lo mismo con China y la Urss, ni invitó a Nicaragua a asociarse económicamente con el bloque estalinista. Era una forma de presionar para que los Sandinistas mantuviesen su alianza con los gobiernos burgueses democráticos de América Central y el Caribe en lugar que con la Urss. El 11 de enero de 1985 el mismo Fidel Castro declaró al órgano oficial del FSLN, Barricada: “Ayer tuvimos la oportunidad de escuchar el discurso del camarada Daniel Ortega y tengo que congratularme con él. Ha sido serio y responsable. Ha explicado los fines del Frente Sandinista en cada sector: por la economía mixta, el pluralísmo político, y también una la ley sobre las inversiones extranjeras [...]Se que en vuestra concepción cabe una economía mixta. Podéis tener una economía capitalista. Lo que sin lugar a dudas no tendréis, y es la cosa más importante, es un gobierno al servicio de los capitalistas.

Pero lo que el comandante Fidel Castro omitió fue que un gobierno no puede servir a la clase obrera al mismo tiempo que deja manos libres al imperialismo en la economía nacional. Las palabras de Fidel no fueron exactamente un modelo de internacionalismo socialista. Y mientras se daban estas entrevistas, la juventud y los trabajadores más militantes de Nicaragua desfilaban por las calles de Managua para fortalecer la resistencia antimperialista al grito de “¡No Pasarán!

9 . EL NUEVO ESCENARIO INTERNACIONAL
Y LA DERROTA DE LA REVOLUCIÓN

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pesar de su papel repugnante y asesino, no fueron los paramilitares fascistas de la Contra quienes derrotaron a la revolución. La resistencia popular les desmoralizó y les había arrinconado a mitad de los años ochenta. Las razones fueron: la caída del precio de las materias primas causado por la dictadura absoluta de las multinacionales y también el sabotaje interno ed externo de la burguesía vendepatria. El nivel de vida empezó a caer a los pocos años de la toma del poder sandinista. La inflación llegó al 400% en 1987 y se desarrolló un mercado negro con el que se alimentaban apenas 130 mil personas, ¡el 5% de la población!

Por eso empezaron las huelgas obreras y los saqueos de productos alimentarios en Managua por parte de una población desesperada. El gobierno prohibió el derecho a huelga aprovechando del estado de emergencia causado por la constante amenaza del gobierno norteamericano de Ronald Reagan. El Estado gastaba el 40% del PNL en armas para la defensa del país. El sector privado seguía boicoteando; además la elección del presidente Reagan coincidió con un nuevo contexto internacional. El gran Capital de EEUU había perdido el miedo a las masas latino y centro americanas, debido a que las luchas derrocaban a las dictaduras sin amenazar directamente al capitalismo (debido a la falta de dirección adecuada). Hacia finales de los ochenta, los gobiernos títeres del Salvador y Colombia comprendían que su regimenes sangrientos tenían que mantener el disfraz de la democracia, sin dejar de masacrar a la clase obrera y los campesinos. La sociedad y la influencia internacional de los países estalinistas de la Urss y el Este europeo estaban en plena crisis.

En Europa, había empezado el reflujo de la lucha obrera y juvenil y el frente interno de EEUU estaba mucho más tranquilo. En Asia, la dictadura en Filipinas había sido derrocada por la lucha popular y la consecuencia directa de la teoría maoista y estalinista de las dos etapas fue la pérdida de una clara oportunidad revolucionaria. El nuevo gobierno ‘democrático’ y burgués de Cory Aquino seguía siendo muy amigo de Reagan. La guerrilla reaccionaria afghana financiada por EEUU a través de Paquistán atormentaba al Ejército Rojo. La economía mundial se había recuperado de la recesión y la administración de Reagan se sentía suficientemente fuerte como para ir a por la destrucción de los Sandinistas a través de los paramilitares contras y su campaña propagandistica.

El moral de la población nicaraguense empezó a hundirse rápidamente y con ello aumentó el escepticísmo hacia el gobierno sandinista. Sólo la amenaza militar imperialista frenaba el desarrollo de una oposición abierta de izquierdas en la base del sandinismo. En 1989 la inflación tocó el techo del 36’000% y la renta pro cápita bajó a la mitad del nivel de 1977. La situación era tan desesperante que el gobierno pendía de un hilo. Los gastos sociales habían sido recortados progresivamente y tocaron el fondo en 1990, años de las elecciones cruciales

El colapso de la URSS y de los países estalinistas del Europa del Este a finales de los años 80 desmoralizó todavía más a los dirigentes sandinistas, que empezaron a buscar salidas girando a la derecha en campo económico y político. Así fue que se suspendió la ya tímida expropiación de tierras y hubo un arrodillamiento ante los empresarios privados. La corrupción entre los funcionarios empezaba a asumir dimensiones preocupantes.

Daniel Ortega, presidente y máximo dirigente sandinista, había perdido completamente el contacto con la realidad cuando declaró al diario del PCI italiano que:

Hemos cumplido con nuestros compromisos: hemos mantenido una economía mixta así como el pluralismo económico. El de Suecia es un modelo económico al que los nicaraguenses miramos con interés” (Entrevista a Daniel Ortega, 5/5/1989). Sin embargo, Suecia tenía en aquel entonces un sector estatal mucho más fuerte de Nicaragua y su burguesía había nacido 300 años antes. Una vez más se demuestra que los ricos están completos. Los Sandinistas perdieron el poder en las elecciones de 1990. Fue un voto contra el hambre y la miseria, un voto de protesta contra el gobierno del FSLN, que volvió a perder las elecciones hasta la fecha.

La miopía política de los dirigentes Sandinistas sigue expresándose en toda su gravedad en el reciente discurso de Daniel Ortega secretario general del FSLN: “Entramos al juego más corrupto con total honestidad” refiriéndose a las elecciones de 1990 en las que EEUU vertieron ríos de dólares en propaganda anti-sandinista. Y sigue: “Independientemente de las buenas intenciones [!] que puedan haber tenido los gobernantes [de derechas!!] de 1990, o los gobernantes de 1996, o los gobernantes que tenemos actualmente, independientemente de sus buenas intenciones de querer hacer lo mejor para Nicaragua [!!!], la verdad es que les ha faltado firmeza para apoyarse en el pueblo de Nicaragua, para apoyarse en el Frente Sandinista y librar entonces una lucha digna que salvaguarde nuestros intereses de nación, que salvaguarde nuestra soberanía, nuestra soberanía política, económica, social.”

Pero para eso necesitamos que el gobierno actúe con flexibilidad, con una mentalidad abierta y, sobre todo, que actúe con sentido de dignidad, con sentido de soberanía; porque hasta el momento, estos gobiernos lo que menos han tenido es el sentido de dignidad y de soberanía. Nos duele mucho decirlo. Nos da vergüenza decirlo, pero es la verdad. Nos gustaría que este gobierno se prestigiara, decidiéndose a atacar de inmediato estos problemas que tienen que ver con la actividad productiva, alimentaria, con la salud, con la educación en nuestro país; entonces si pudiésemos hablar de que estamos haciendo todo lo posible por el bien de Nicaragua” (mitin en Managua, 19 de julio de 2004)

Después de tanta amarga experiencia y sin la brújula de la teoría marxista, los máximos dirigentes sandinistas siguen hoy en día con el sueño de una burguesía nacional progresista, en un país con la mitad de la población en el desempleo y más de la mitad del presupuesto estatal secuestrado cada año por la deuda exterior. Lo único que no logró la derecha fue borrar las importantes tradiciones de lucha revolucionaria de la clase obrera de Nicaragua. La lucha de Augusto César Sandino y de todos los mártires revolucionarios de Nicaragua es una semilla que pronto volverá a germinar y esta vez la revolución separará a los dirigentes revolucionarios de los reformistas en el seno del FSLN.

10 . VOLVIÓ LA REVOLUCIÓN, A ESCALA GLOBAL

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a Revolución venezolana que estamos viviendo es el fruto de un contexto mundial que ha cambiado y se rebela al imperialismo. Dialécticamente, el mundo reúne hoy las condiciones revolucionarias que se dieron por separado en diferentes fases de la historia de los últimos cien años:

1) La transición de una época prolongada de desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas globales a otra época de crisis global del imperialismo, que ya empezó (parecida al impasse de comienzos de siglo veinte). Eso provoca una tremenda inestabilidad de las relaciones mundiales con la perspectiva de guerras, revoluciones y contrarrevoluciones;
2) Agresividad y al mismo tiempo debilidad del imperialismo norte americano por tener gran fragilidad económica y social interna y demasiados frentes internacionales abiertos (parecido al periodo de la derrota de Vietnam y la recesión petrolera de 1973-75);
3) Polarización extrema y resurgimiento de la lucha revolucionaria en América Latina; fin de la estabilidad y de la paz social en los países capitalistas avanzados. Conciencia antiimperialista internacional (aún más que en los años 70).

También entran en juego dos elementos novedosos en la lucha de clases:

4) El fortalecimiento numérico de la clase trabajadora a escala mundial y el aumento descomunal del abismo entre la minoría privilegiada y la mayoría explotada de la sociedad; 5) Se están acabando todos los márgenes de confianza del pueblo explotado en las burguesías de Asia, África y América Latina (tuvieron entre 50 y 100 años de independencia para desarrollar ‘sus’ países) y fracasaron.

Hemos entrado en la época decisiva de la revolución mundial. Con la guía del marxismo revolucionario, la clase trabajadora sabrá aprender de las experiencias del pasado y repetirá los triunfos de las revoluciones de Rusia, Cuba y Nicaragua. Enterraremos al capitalismo empezando por una Federación Socialista de Venezuela y Cuba, y luego, de todo el continente.


Caracas, 20 de Septiembre de 2004


Nota: Han sido muy útiles para reunir documentos: el libro de Carlos Vig, Nicaragua: reforma o revolución (Bogotá, 1980); la revista Nicaragua: dos siglos de revoluciones editado en 1987 por la sección italiana de la Corriente Marxista Revolucionaria; la revista Cuba: pasado, presente y futuro editado en 2004 por la sección española de la C.M.R.; la web oficial del Frente Sandinista de Liberación, www.fsln-nicaragua.org

 
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