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La industria textil ante el fin del Acuerdo Multifibras PDF Imprimir E-Mail
jueves, 05 de mayo de 2005
El pasado 31 de diciembre 2004 se cumplió el plazo para finalizar el Acuerdo Multifibras (AMF) en el marco del la Organización Mundial de Comercio (OMC) que imponía diversidad de aranceles proteccionistas. Ahora su fin minimiza o abate las tarifas ar El pasado 31 de diciembre 2004 se cumplió el plazo para finalizar el Acuerdo Multifibras (AMF) en el marco del la Organización Mundial de Comercio (OMC) que imponía diversidad de aranceles proteccionistas. Ahora su fin minimiza o abate las tarifas arancelarias para los productos textiles en todo el planeta. Esto está generando y generará conflictos económicos y políticos en diversos países.

I.- Introducción

El pasado 31 de diciembre 2004 se cumplió el plazo para finalizar el Acuerdo Multifibras (AMF) en el marco del la Organización Mundial de Comercio (OMC) que imponía diversidad de aranceles proteccionistas. Ahora su fin minimiza o abate las tarifas arancelarias para los productos textiles en todo el planeta. Esto está generando y generará conflictos económicos y políticos en diversos países. La industria textil, como botón de muestra de la economía, expresa un hecho contundente de la realidad del capitalismo: Las fuerzas productivas son por mucho superiores a la capacidad de consumo de las masas, es decir, el mercado es finito y amenazado por los monopolios y las grandes potencias industriales -en especial China-, en tanto que, los estados nacionales actúan como un enorme cinturón para el desarrollo de las fuerzas productivas, generando conflictos interburgueses que se expresarán nuevamente en guerras comerciales, no sin atisbar a la lucha de clases al interior de las diversas naciones, como producto de la crisis económica que genera y generará quiebras, cierres de empresas, despidos, profundizará la explotación de la fuerza de trabajo, el trabajo precario y, por supuesto, obliga y obligará al movimiento obrero a responder a los ataques.

Hoy en día como durante la mayor parte del siglo pasado, las condiciones objetivas para el socialismo mundial están más que dadas. Las estrechas fronteras de la economía capitalista subyugan a las fuerzas productivas bajo los intereses de la propiedad privada de los grandes medios de producción. Eso genera un comportamiento anárquico de la economía expresado en una competencia atroz por el mercado, que por periodos, deja de lado los acuerdos comerciales, como el Acuerdo Multifibras que abordamos en este documento, para dar paso a guerras comerciales. Es así como en su momento funcionó relativamente el GATT pero ahora la OMC está al borde del abismo, como una expresión de la característica más representativa de la actual situación internacional: Inestabilidad en todos terrenos, económico, político, diplomático y por supuesto, comercial.

Marx explicó que el capitalismo como modo histórico de producción sólo puede subsistir a condición de desarrollar permanentemente a las fuerzas productivas, y es precisamente en el sector textil donde vemos ineludiblemente cómo el capitalismo destruye más fuerzas de las que genera. Un sector que fue punta de lanza de la otrora incipiente industria capitalista, del desarrollo e innovación tecnológicos, con apenas 240 años transcurridos desde que en 1764 Hargreaves inventara la primera máquina de hilar que, de entrada, fue seis veces más productiva que la rueca; desde entonces a la fecha, en apenas poco más de dos siglos, el capitalismo ha desarrollado las fuerzas productivas mucho más allá de sus límites. Es por tanto el socialismo una necesidad histórica que da cabal respuesta a la anarquía y destrucción capitalista. Y la lucha por el socialismo pasa necesariamente por la construcción sistemática de una alternativa práctica de organización del movimiento obrero. Para los marxistas agrupados en el periódico Militante las premisas teóricas del materialismo histórico son una guía para la acción. No somos teóricos de escritorio, sino que luchamos codo a codo con nuestra clase, la poderosa clase obrera mexicana e internacional.

Dedicamos este documento a los obreros del sector textil en México; y en particular a nuestros camaradas de la Coalición de Trabajadores Textileros del Estado de Puebla, que han iniciado una lucha ardua, difícil y prolongada, por encontrar una solución a su situación concreta: cierres de empresas y despidos masivos.

Existe un límite físico y moral para la explotación y entre los trabajadores del textil, al igual que en el caso de los trabajadores de otros ramos, existe mucho hartazgo.

En esas circunstancias no debemos descartar la posibilidad de que en cierto tiempo, no sin dificultades, los trabajadores del textil mexicano recuperen sus añejas tradiciones de lucha y pongan patas arriba a la patronal y a todo aquel dirigente que no esté dispuesto a abandonar su vieja política de conciliación. Nos preparamos para feroces luchas y significativos intentos de los trabajadores por democratizar a sus sindicatos textiles. Si los trabajadores del textil unifican sus luchas, la ofensiva de la patronal tendrá pobres posibilidades de éxito. Bajo las condiciones de la industria textil y lo que se avecina, resulta mas que válida la consigna de "Fábrica cerrada, fábrica tomada".

Sólo bajo la condición de que las enormes fuerzas productivas sean nacionalizadas y puestas bajo el control democrático de los trabajadores para que se organicen en función de una plan centralizado que tenga como objetivo cubrir las necesidades sociales y no los beneficios particulares de un puñado de gente, es como se podrá abatir la miseria que agobia a la mayor parte de la humanidad.

El capitalismo es, como lo calificó Lenin, "horror sin fin". Y la situación de los trabajadores del textil de todo el mundo es un nítido ejemplo válido para el conjunto de los trabajadores de las diferentes ramas de la producción capitalista. Revisando el caso de la industria textil, no resulta nada difícil afirmar que la tesis reformista de solucionar los problemas de los trabajadores sin romper con el capitalismo no es otra cosa mas que una utopía reaccionaria. La única alternativa viable ante la barbarie capitalista es el socialismo.

II.- La expansión del mercado mundial y los tratados comerciales

Además de la expropiación masiva de los productores directos respecto a sus medios de vida, particularmente la disociación de las huestes campesinas europeas y la tierra de cultivo, otro importante punto de partida para el desarrollo del capitalismo fue la conformación del mercado y el Estado nacional.

Sólo bajo esta condición la joven burguesía podría derrumbar una de las más importantes trabas feudales: la atomización de los diferentes territorios europeos en pequeños reinos y feudos, los cuales impedían el libre tránsito de las gentes y, en especial, de las mercancías. En el mejor de los casos el traslado de las mercancías de un feudo a otro siempre estuvo sujeto al pago de un más que elevado peaje (pago de impuestos). Estas trabas comerciales constituían un mas que importante obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas y, por consecuencia, del modo de producción capitalista. El mercado nacional (MN) nace acompañado del Estado Nación (EN), no podía ser de otra forma. El EN se trasformaría en el garante jurídico de la cohesión e integración del MN. Sin embargo otra tarea delegada al EN fue la de trasformase al mismo tiempo en el escudo de la respectiva burguesía nacional para proteger su esfera de influencia (el MN) de la competencia externa. La consolidación del MN durante el periodo de la libre concurrencia, al lado del saqueo de las colonias, sentó la base material para un posterior salto cualitativo en el desarrollo del capitalismo: nos referimos a la revolución industrial de las postrimerías del siglo XVIII.

Tras la revolución industrial, la libre concurrencia fue condenada a su extinción abriéndoles de forma gradual pero firme, espacio a la conformación de truts. Para este periodo, dado su desarrollo, la concentración capitalista de riquezas hace del MN algo insuficiente. Reconociendo su capacidad y su potencial, el capital financiero se lanza a la conquista de nuevas esferas de influencia mas allá de las fronteras del EN. Bajo ese contexto los principales países capitalistas van a consolidar su poderío sobre sus posesiones coloniales ya no sólo dándoles el trato de fuentes de materias primas baratas, sino que además, el consumo de las masas de las colonias y endeudamiento de las mismas, se transforma en un estímulo para las inversiones, el desarrollo del mercado mundial por encima des sus niveles preexistentes y, por consecuencia un mayor desarrollo de las fuerzas productivas.

Mientras el mercado mundial se expandiera las contradicciones entre las potencias imperialistas no adquirirían mayores dimensiones. De hecho nos referimos a un periodo, el último tercio del siglo XIX, en el que el capitalismo experimentó uno de sus auges económicos más prósperos. No obstante, la entrada de jóvenes y pujantes naciones capitalistas a escena mundial tales como Japón, Alemania y los EE.UU. acompañadas de un mayor desarrollo de las fuerzas productivas, hicieron que el mercado mundial se viera limitado como nunca antes ante la demanda de los viejos y nuevos países desarrollados para ensanchar sus esferas de influencia al mismo tiempo de proteger la que ya se poseían. Como reflejo de las contradicciones que ya se habían engendrado durante ese periodo, a partir de las limitaciones del mercado mundial podemos mencionar las guerras Hispano-Americana y la Ruso-Japonesa por mencionar dos ejemplos.

Un ejemplo gráfico de las contradicciones es el hecho de que para 1914, como lo describe Lenin en El Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo, las posesiones coloniales de Francia eran tres veces superiores a las de Alemania y Japón juntos.

Antecedentes como estos, sólo eran el anuncio de episodio de mayor envergadura y que expondría claramente la decrepitud del capitalismo: la I Guerra Mundial en 1914.

La guerra sólo modificó la relación de fuerzas entre las principales potencias imperialistas, pero no solucionó de fondo las contradicciones del mercado mundial.

A la postre nuevamente las potencias enfrenarían grandes tensiones las cuales se fueron incrementando conforme el círculo vicioso del capitalismo (sobreinversión-sobreproducción-satura-ción del mercado-recesión) se trasformaba en efectos cada vez más traumáticos. Como una medida desesperada para salvar a su industria, en 1930 el gobierno norteamericano impone la Ley Smoot-Hawley por medio de la cual se tasó con aranceles del 100 % a diferentes importaciones; caso seguido, 25 distintas naciones tomaron la misma medida dando ello al traste todo tipo de acuerdo comercial existente. Estos acontecimientos desembocarían en una nueva conflagración mundial en los años 30 del siglo pasado.

El elevado costo de la II Guerra Mundial motivó a la burguesía a buscar opciones distintas y menos traumáticas ante la competencia por el mercado mundial. En este contexto, fue creado en mayo de1948 el Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio (GATT por sus siglas en inglés). Con este convenio las potencias tratarían de "armonizar" sus relaciones comerciales basándose en la diplomacia.

Algunos analistas burgueses señalan que los acuerdos comerciales tras el GATT son la explicación del espectacular boom que experimentó la economía a escala internacional al finalizar la II Guerra Mundial y que se extendió hasta inicios de los años 70. Nada más falso que ello, como explica Ted Grant en su genial texto ¿Habrá una recesión? (1960) las razones de fondo que estimularon aquel boom fueron, entre otras, los mercados creados por los efectos de la guerra dada la destrucción de bienes de consumo y capital, el enorme aumento en la inversión industrial, el surgimiento de nuevas industrias (plástico, aluminio, espacial, electrónica, energía nuclear, etcétera), junto con el aumento en la producción de las mismas, las enormes cantidades de capital ficticio creadas por la inversión en armamento, y el aumento del comercio entre los países capitalistas.

Pero el factor decisivo, de acuerdo a Ted Grant, fue "el aumento de los campos o sectores donde invertir capital, que es el principal motor del desarrollo capitalista".

Por supuesto que los cuerdos comerciales colaboraron para que se extendiera el mercado mundial, pero con pocas y limitadas esferas de inversión, dichos acuerdos no representarían nada.

Por supuesto que el GATT fue un factor, pero tan sólo eso. Facilitó la expansión del mercado mundial. Pero ante el espectacular desarrollo de las fuerzas productivas de aquella época, este tipo de tratados comerciales resultaban muy necesarios para las naciones imperialistas. Bajo esas condiciones por ejemplo, durante los 10 años anteriores a 1973, la economía de Japón creció 141%. Canadá lo hizo en un 69%, Francia en 61%, Alemania occidental en 54% y EEUU en 48%. Todo ello y las energías acumuladas gracias al auge económico, permitió durante un tiempo a estas potencias llegar a acuerdos comerciales sin arriesgar en mucho sus intereses. En ese contexto, bajo el GATT fue posible acordar importantes rebajas arancelarias como la del 25% en 1950. o la que alcanzó los 2 mil 500 millones de dólares en 1956.

Desde el surgimiento del GATT el mercado mundial se multiplicó 18 veces de 1849 a 1998, pasando del 7 al 17 % del producto bruto mundial.

III.- El acuerdo de textiles y vestidos

Mientras la economía se desarrollaba a paso firme, los imperialistas podían tolerar ese tipo de bajadas arancelarias, finalmente de todos modos se trataba de un mecanismo mas que eficiente para ir penetrando los diferentes mercados especialmente el de las economías débiles. "Libre mercado" era el grito de guerra de las multinacionales.

No obstante, a pesar de la intensidad de los acuerdos comerciales, estos se mostraron incapaces de evitar la reproducción del círculo vicioso del capitalismo el cual sistemáticamente después de un periodo de auge económico, dada la sobreproducción promovida por la sobre inversión, pierde ritmo y finalmente entra en crisis.

La caída de los beneficios y el repliegue de las inversiones meten en aprietos a las industrias provocándose quiebras y despidos masivos. Ante el cambio de condiciones, los países desarrollados suelen cambiar de actitud. Y como fue, tras el colapso económico de 1973, de defender a ultranza el libre mercado giran hacia el proteccionismo. Antes de cualquier tipo de diplomacia comercial están los intereses de las respectivas burguesías nacionales y los monopolios que dirigen. Contradictoriamente en esas condiciones las imperialistas reclaman un mayor acceso a los mercados de sus competidores y el de las economías atrasadas, al mismo tiempo que le cierran las puertas en mayor o menor medida a las mercancías extranjeras.

Tras la crisis iniciada en los años 70, las principales potencias implementaron diferentes medidas para proteger sus economías y sus empresas, una de ellas fue el Acuerdo de Textiles y Vestidos (ATV) impuesto por los EE.UU. y Europa en 1974. Con esta medida se estableció un sistema de cuotas a las exportaciones de textiles y vestido desde los países en desarrollo, especialmente China y la India, a los industrializados y que afectó a 140 categorías de vestimenta y textil de 47 países productores.

La gradual recuperación de la economía en los años posteriores provocó un movimiento importante hacia la liberalización del mercado mundial entre los años 1986 y 1996. De nuevo el grito de guerra de los imperialistas sonó con estruendo: "libre mercado". No obstante ello las restricciones para las exportaciones textiles permanecieron prácticamente sin variar.

IV.- El Acuerdo Multifibras

Para 1995 el incremento de la productividad de los trabajadores norteamericanos imprimió un nuevo empuje al ya reconocido boom que se vivía en ese entonces, ello estimuló la confianza de los imperialistas quienes promovieron una nueva iniciativa para fortalecer el desarrollo del mercado mundial, sustituyendo el GATT por la Organización Mundial del Comercio (OMC), en la que fuera la Ronda de Uruguay de 1995.

El tiburón nada, pero salpica. Los imperialistas estaban ansiosos para consolidar y extender su esfera de influencias, la sustitución del GATT por la OMC se transformaría en ese mecanismo, pues sería puesta a debate la liberación parcial de la economía en prácticamente todos sus rubros. Para los países atrasados esta situación se presentó como una oportunidad para intentar arrebatar algunas concesiones comerciales a las potencias económicas. La confianza en la marcha de la economía y, particularmente la voracidad de las trasnacionales les permitieron arrojar lo que ellos consideraron unas migajas más para los países pobres.

De este modo los países participantes en la Ronda de Uruguay de 1995, no sin sobresaltos y divergencias (la Ronda estuvo a punto de fracasar estrepitosamente), firmaron el Acuerdo Multifibras (AMF) dejando en el pasado al ATV. Bajo este acuerdo se programó la eliminación gradual del sistema de cuotas del sector textil y de confecciones: 16% (1995), 17% (1998) y 18% (2002). De acuerdo a lo estipulado la totalidad de las restricciones tendrían que ser suprimidas el 31 de enero de 2004, es decir el 49% restante. La burguesía imperialista confió en que este acuerdo no significaría mayor problema para su respectiva industria del ramo, estaba segura que el atraso tecnológico de las naciones pobres por sí mismo sería un obstáculo para transformarse en una seria competencia. Por su parte la burguesía de las naciones atrasadas estaba segura de que el AMF derivaría en jugosas ganancias dada la posibilidad de orientar más intensamente sus exportaciones textiles a los mercados de los EE.UU. y de la UE principalmente. Unas, las potencias, vieron al AMF con desdeño y otros, los países atrasados, como una oportunidad. Al fin y al cabo eran años de relativa bonanza económica.

Pero las cosas cambiaron, los EE.UU. entraron en un estancamiento económico y en tanto locomotora del boom económico (la UE y Japón jugaron un papel margina), arrastró tras de sí al conjunto de la economía mundial con las consecuencias propias de toda crisis económica: cierre de empresas y despidos. A este respecto los EE.UU. han salido fuertemente golpeados pues se calcula que del año 2000 a la fecha, ha perdido aproximadamente cuatro millones de empleos en diferentes ramas industriales.

Antes de que se venciera el plazo para liberar totalmente las cuotas mundiales de las importaciones textiles, prácticamente todos los países que firmaron el AMF en 1995, salvo la UE (pero esto último entre comillas, más adelante volveremos a ello), pegaron el grito en el cielo y derramaron lágrimas de cocodrilo reclamando que el plazo se pospusiera. Fueron 72 grupos de exportadores de textiles y ropa de 36 países los que pidieron sin éxito a la OMC que se prolongue el plazo de vigencia de las cuotas hasta el 31 de diciembre de 2007. La razón: China, su desarrollo actual en el mercado mundial del sector y su enorme potencial para desarrollarse aun mucho más de lo logrado hasta ahora.

La OMC estima que la cuota de mercado de China en las importaciones de ropa en Estados Unidos podría pasar de 16% actualmente a 50% tras la supresión de las cuotas. Y la India tampoco se queda atrás, en su caso se diagnostica que su participación en el mismo mercado pasará del 4 a 15%. En el caso del la UE se espera que el porcentaje chino crezca del 18 al 29%.

En síntesis, el pronóstico a mediano plazo de la OMC, la mitad del mercado mundial de textiles podría quedar cubierto por productos "Made in China". Este panorama se presenta como muy negro tanto para algunas naciones desarrolladas, por ejemplo EE.UU. y España, y prácticamente todos los países atrasados pues algunas estimaciones indican que la perspectiva más probable es que la apertura total del comercio textil que favorece particularmente a China, implique el que sean afectados 40 millones de empleos. Millones de puestos serán destruidos y otros más (la Federación Internacional de Sindicatos del sector textil calcula que 30 millones), serán trasladados a China.

V.- El gigante de Asia

En 2003 China recibió 57 mil millones de dólares en inversiones directas, convirtiéndose en el primer destino mundial de este tipo de inversiones. En este rubro, el año que terminó también fue bueno para el gigante asiático pues entre enero y noviembre del 2004 las inversiones foráneas llegaron a los 57 mil 800 millones de dólares. Este mismo año la economía china creció por encima del 9% y se espera para el 2005 las cifras sean similares. Por su parte la suma del comercio de las importaciones y exportaciones de China, sobrepasó un billón de dólares al finalizar el año pasado

Al igual que la extinta Unión Soviética, en este caso también la burocracia se transformó en un enorme lastre para la economía planificada empujándola gradualmente a la asfixia.

Al respecto la marxista española Bárbara Areal en su artículo sobre China, La burocracia estalinista abre las puertas a la restauración capitalista (El Militante, junio 2004) destaca lo siguiente: "En 1978, dos años después de la muerte de Mao, la economía se encuentra con problemas evidentes: estancamiento, tendencias inflacionistas, escasez de productos de consumo, descontento social. La burocracia intenta responder a esta situación y comienza el periodo de ‘reformas" con el objetivo de reanimar la actividad económica e incrementar la productividad del trabajo. El Comité Central reconoce la existencia de parcelas privadas en el campo y las actividades complementarias de los campesinos, lo que permitiría a los agricultores vender parte de su producción en el mercado. Al año siguiente se aprueba la ley sobre inversiones extranjeras. En 1984 se crean las ‘zonas económicas especiales" en zonas costeras, espacios privilegiados para la inversión por su situación geográfica y el bajo coste de los terrenos y la mano de obra. El proceso alcanza uno de sus momentos culminantes en el 2001 con el ingreso de China en la OMC y en 2003 con la aprobación de la enmienda a la Constitución para proteger la propiedad privada y la liberalización masiva del sector estatal." Mas adelante destaca que "los efectos de este proceso de reforma en las cifras económicas son significativas: desde finales de los 70 hasta el día de hoy la tasa media anual de crecimiento económico es de 8,5%, habiendo cerrado el año 2003 con un crecimiento del 9%. ¡Veinticinco años creciendo a una media superior al 8%!"

En todo ello las políticas antiobreras, y que son en buena medida lo que explica el bajo costo de la mano de obra china, jugaron un papel de primer orden al ser eliminado el derecho a huelga en 1982. Comparado con otras latitudes, este tipo de medidas implementadas por la burocracia del PCCH sólo habían sido alcanzadas en naciones como Chile o Indonesia, las cuales fueron dirigidas durante décadas por las más monstruosas dictaduras. Este es el verdadero rostro sobre el que se han erigido resultados como el de que, de acuerdo a datos del 2003, sea el tercer productor de automóviles o el que haya sido la primera nación en la historia en 200 millones de toneladas de acero en un año.

No obstante el espectacular desarrollo logrado por la economía china, las desigualdades sociales saltan por todos lados. Por ejemplo, continuando con el texto antes citado, "el contraste entre la ciudad y el campo es notable: el 30% de la población total que vive en las ciudades -según estadísticas oficiales de 2003- tiene un ingreso medio de 8 mil 500 yuanes, mientras que los 900 millones de habitantes de las zonas rurales ingresan una tercera parte, 2.620 yuanes. (...) Dentro de las ciudades la diferencia entre ricos y pobres no es menos evidente: mientras el 10% de las familias más ricas poseen el 45% de la propiedad, el 10% más pobre ‘disfruta" del 1,4%."

En lo referente al sector textil el potencia china se demuestra en las siguientes cifras proporcionadas por la prensa burguesa: en el pueblo de Datang, al norte de China, se producen anualmente 6.500 millones de pares de medias, cuando hay en el planeta 6.000 millones de habitantes. En la ciudad de Shaoxing, más hacia el centro, hay 80.000 empresas fabricantes de telas que producen más de 2.000 millones de metros de tela al año. La ciudad china de Shengzhou, clasificada como la capital de las corbatas, produce anualmente 300 millones de unidades, ocupando un 80 por ciento de la totalidad del país y un 33 por ciento de la mundial. Además el pueblo de Songxia, el mayor centro de producción de paraguas de Oriente, vende anualmente 370 millones de dólares a 28 países y regiones. Ello sin olvidar que el sector textil cuando menos aloja a 20 millones de trabajadores.

Esta potencial, al igual que el de otros sectores de la industria china, esta íntimamente ligado a importantes ventajas que posee China sobre muchas naciones. El primer elemento a destacar es que los salarios chinos sin ser los más bajos del mundo, distan mucho de los de sus principales competidores. En promedio la hora se paga a 43 centavos de dólar, casi la mitad del estándar internacional. En las más recientes encuestas realizadas por Werner International, "el promedio del costo de la mano de obra china es de USD $0,69 por hora, comparado con USD $26,10 por hora en Japón, USD $14,24 por hora en Estados Unidos, USD $14,71 por hora en Italia y USD $18,10 por hora en Alemania".

Pero el caso de los países menos desarrollados tampoco es mejor. Salvo naciones como Bangladesh o Pakistán donde a pesar de poseer salarios más bajos que los chinos su extremo atraso industrial los neutraliza como competidores, el resto tienen que padecer las secuelas derivadas de la barata mano de obra china; el ejemplo de Nicaragua es ilustrativo por sí mismo: según estimaciones de la Federación Internacional de Sindicatos (ICFTU, por sus siglas en inglés), un trabajador en Nicaragua recibe un salario mínimo de 72 dólares al mes, significativamente más alto que el de un trabajador chino (entre 12 y 36 dólares).

Otra ventaja competitiva es el bajo valor de la moneda china, el yuan, el cual se encuentra depreciando en un 20%, este factor por sí mismo permite que las exportaciones chinas se subvalúen hasta en un 40%.

La conjugación de todos los factores expuestos permitió que China avanzara sobre el mercado mundial del textil a pesar de las restricciones impuestas a lo largo de los últimos 10 años por el AMF. Tan sólo por mencionar un ejemplo, el periodo que transcurrió entre los años 2001 y 2003 sus exportaciones textiles pasaron de 53 mil 300 millones de dólares a 80 mil 400 millones, registrándose un aumento de 51 por ciento en tan sólo dos años.

Ahora, dadas las condiciones antes expuestas, se pronostica que China acapare el 50% del mercado mundial textil. Esta perspectiva de desarrollarse consolidará a China en el lugar que ya ocupa como tercera potencia comercial después de los EE.UU. y Alemania, tras desplazar a Japón.

VI.- El imperialismo yanqui

El fenomenal aumento en la participación china en el mercado mundial experimentado en los últimos años ha tenido serias implicaciones para los EE.UU. Las ventajas competitivas del primero han hecho a esta última nación el principal destino de sus exportaciones. Tan sólo en el 2000 China exportó ropa por un monto de 36 mil 100 millones de dólares a los EE.UU., 50 veces el volumen de 1978. Tras el fin del AMF, la OMC estima que las exportaciones textiles de este país asiático a EE.UU. pasen del 16% al 50%. Lo anterior es un verdadero problema para la industria textil norteamericana considerando que cuando menos el 90% del consumo nacional lo acaparan prendas de vestir importadas.

Otra perspectiva probable de acuerdo al Banco Mundial, es que al incrementarse la oferta de textiles chinos provoque en el mercado de los EE.UU., dados sus bajos costos de producción, una caída de los productos textiles en un 20%. Tal situación reducirá los beneficios de la restante industria local generándose quiebras. Ya antes de la finalización del AMF, en los EE.UU. se han perdido 350 mil empleos en los últimos cuatro años.

En esa nación el mercado textil que representa más de 50 mil millones de dólares por año y que mantiene, grosso modo, a un millón de personas en Estados Unidos, entre empleados de los fabricantes de tiendas, de vestimenta, de fibras artificiales y de maquinaria especializada. Como podemos ver, este no se trata de un problema menor para la economía yanqui.

Por su parte el Estado norteamericano ha reaccionado frente a la embestida que se viene a partir del fin del AMF y ha señalado que restringirán las importaciones chinas contraviniendo de esta manera los acuerdos de la OMC. El Comité para la Implementación de Acuerdos Textiles, publicó un plan para una ""entrada por etapas"" de ciertos textiles y de ropa. El objetivo es que hasta el primero de febrero se negará la entrada a Estados Unidos a las importaciones de textiles y ropa que excedan los niveles de la cuota de 2004, luego de lo cual se permitirá el ingreso de 5 por ciento del nivel de cuota de 2004. Las importaciones serán limitadas a 5 por ciento de las cuotas de 2004 en cada mes posterior, hasta que todo el exceso de embarques haya entrado. Desde hace tiempo el imperialismo yanqui experimenta un gigantesco déficit comercial el cual se hace más grande conforme pasa el tiempo. De acuerdo a datos de los primeros 11 meses del 2004, el déficit acumulado ya era de 561 mil 300 millones de dólares, superior al déficit del 2003 (496 mil 500 millones). Solamente China representa por sí sola, todos los 32 mil millones de dólares del déficit comercial estadounidense en el renglón de productos de tecnología avanzada, que incluye los artículos electrónicos, las computadoras y los equipos de comunicaciones.

Washington ha tratado de revertir sin éxito este fenómeno por diferentes medios dado el enorme lastre que significa para su economía. Por ejemplo el dólar se ha depreciado más de 30 por ciento frente a las monedas de sus principales socios comerciales desde comienzos del 2002. A este respecto, en lo que corresponde a china, la política del gobierno de este último país sobre su moneda ha significado que el yuan ha sido "colgado" al dólar, depreciándose el primero al mismo ritmo que lo hace la divisa norteamericana. En esa medida las exportaciones chinas no han sido afectadas por la caída del dólar.

Para mala fortuna del imperialismo, su economía también se ha visto recientemente afectada por la subida de precios de los energéticos en un 16.6%, registrándose con ello la mayor alza desde 1990. La subida en los energéticos empujó a la inflación a los 3.3% durante 2004, siendo ésta la cifra más elevada en los últimos cuatro años. Obviamente esto implica necesariamente en encarecimiento de los costes de producción de la industria yanqui, haciendo menos competitivas sus mercancías frente a las de otras naciones con costes más bajos, especialmente China.

En este caso los intentos hasta ahora desarrollados por el gobierno para contrarrestar esta situación no han sido suficientes; un antídoto que se ha empleado es el alza que han experimentado los intereses crediticios, los cuales se han incrementado desde el primer trimestre de 2004 del 1% al 2.25% en que se encuentran en estos momentos. Aquí el impacto para contener la inflación ha sido prácticamente inexistente.

Estas razones ya están teniendo, y lo tendrán aun más, un enorme peso en la política que los EE.UU. seguirán ante la finalización del AMF y los peligros que encierran las exportaciones del textil chino.

De hecho, conforme los acontecimientos se desarrollen y las complicaciones para la industria textil local se profundicen, no debería descartase que las tarifas arancelarias de los EE.UU. para este tipo de importaciones se incrementen. En la actualidad son de un 11% en promedio. Esta medida adicional no sólo afectaría a China, sino además al resto de exportaciones de otras naciones que tiene como destino el territorio yanqui.

Un reciente informe del Instituto de Política Económica con sede en Washington, destaca que el déficit comercial con China se multiplicó por 20 en 14 años, de 6.200 millones de dólares en 1989 a 124.000 millones en 2003. Esta es una situación de alto riesgo para la economía de los EE.UU. Antes o después el imperialismo se verá obligado a imponer duras medidas contra China. Por lo pronto ya logró por medio de las presiones, que el gobierno de Pekín se auto impusiera un impuesto de entre 2.5 y tres centavos y medio de dólar por pieza para sus exportaciones a Estados Unidos en algunos tipos de ropa, como los jeans, por ejemplo.

VII.- La Comunidad Europea

La Comunidad Europea ante el pedido de diferentes naciones, entre ellas los EE.UU., para que se pospusiera el fin del AMF se transformó en el principal apoyo de la OMC para que los acuerdos de la Ronda de Uruguay sobre el mercado textil se cumplieran cabalmente. Oficialmente la UE se pronunció por la liberalización del mercado, este bloque comercial es la segunda potencia textil detrás de China. La industria europea del sector emplea (según datos de 2003) a 2,7 millones de personas en 177 mil empresas, cuyas ventas superan los 225 mil millones de euros, lo que supone un 4% del producto interior bruto (PIB) comunitario.

La UE le quiere sacar el mayor provecho posible al fin del AMF y ya está cocinando acuerdos para establecer una zona de libre comercio con los países vecinos del Mediterráneo.

No obstante la algarabía, la UE ve con reservas la culminación de dicho acuerdo y en los hechos está implementando medidas, al tiempo de estudiar otras, para proteger a su industria de los posibles estragos a consecuencia de la marea textil china. Esto no es casual, la participación de la UE en el mercado mundial del textil pasó del 43% que tenía en 1990 al 30% en 2002. Uno de los principales países afectados por esa pérdida de terreno ha sido España, país que llegó a tener 400 mil puestos de trabajo en el sector, los cuales ahora se reducen a 225 mil. Y el pronóstico para este año no es nada halagador pues se espera que sean cerradas 400 empresas y se pierdan otros 15 mil empleos. Es por ello que los empresarios del ramo están presionando para implementar más y severas medidas de salvaguarda.

Para las naciones mas influyentes de la UE la liberación de las cuotas comerciales se presentan como una opción para recuperar terrenos en el mercado mundial del textil, para ello invirtió cuantiosas sumas en su industria, medida que al miso tiempo pretende ponerla a la altura de las circunstancias abiertas tras el 31 de diciembre pasado.

Pero aun así no se confía y los temores no son para menos, por ejemplo para noviembre del 2004, la UE logró en este mercado un superávit de 2 mil 900 millones de euros frente a los 5 mil 200 millones en noviembre de 2003, según la Oficina Estadística de las Comunidades Europeas (Eurostat). En general la tendencia es a la baja, pues estos datos son la ratificación de la situación que ya se vio antes en el mes de octubre en el cual se registró un excedente de 5 mil 700 millones, frente a los 9 mil 100 millones en octubre de 2003. Es por eso que entre otras acciones, la UE ha optado por medidas como la del Registro, Evaluación y Autorización de Químicas. Con el pretexto de proteger el medio ambiente, la UE ha definido regulaciones para elevar los estándares técnicos de los productos textiles. La propuesta de esta nueva política química se adicionará en el futuro al costo de los productos textiles en los países en vías de desarrollo, debido a su menor acceso a las tecnologías de avanzada para satisfacer los requerimientos ambientales. En adelante, si se quiere tener acceso al mercado de la UE se deberán cubrir los estándares impuestos. Algunas naciones, dado que ello exigirá inversiones voluminosas en tecnología, simplemente tendrán que renunciar en sus aspiraciones por penetrar el mercado europeo y otras, muy pocas, China quizás entre ellas, se verán obligadas a elevar sus costes de producción restándoles en algo el margen de competitividad respecto a los textileros de la UE.

Además, para mantener a China en la mira, la Comisión Europea creó un sistema especial de monitoreo para los productos textiles de esa nación. Y al igual que en los EE.UU. la simple amenaza de distorsiones sobre la industria local del ramo será suficiente para imponer nuevas y más severas salvaguardas. Este tipo de medidas no son otra cosa más que proteccionismo puro y duro, esto demuestra el carácter hipócrita y oportunista del imperialismo sin importar las latitudes de que se trate.

VIII. América Latina

México al igual que el conjunto de América Latina se perfila hacia el quinto año de complicaciones económicas íntimamente relacionadas con la recaída de las principales economías del planeta, los EE.UU. y la UE. Bajo estas condiciones los trabajadores de los países de esta región, han visto empeorar sus niveles de vida dada la profundización del desempleo. A pesar de que la economía internacional presentó un mejor comportamiento durante 2004 obteniéndose un PIB regional de 5.5% (México logró un 4%), esto no ha sido suficiente para disminuir moderadamente los anteriores años de estancamiento. En general durante 2004 continuaron los cierres de empresas en cada uno de los diferentes países que conforman la región.

En todo este periodo las naciones latinoamericanas han buscado distintas opciones para diversificar sus mercados, paralelamente a los convenios comerciales que ya tenían (los EE.UU., la UE, el MERCOSUR); así es como han buscado alternativas con países como Japón e Israel, al mismo tiempo de tratar de generar un mercado regional mas desarrollado, tal es el caso por ejemplo del CAFTA que abarca a Centroamérica junto con los EE.UU. y República dominicana.

Los gobiernos y burguesías de toda América Latina están en inmersos en una búsqueda desesperada de mercados para sus exportaciones dentro y fuera de la región. Durante los años 90 la región experimentó una recuperación relativa de sus economías estimulada por las exportaciones, principalmente a los EE.UU. y a la UE. No obstante ello, dicho impulso económico no fue capaz de impedir el que durante todos aquellos años se fueran incubando los gérmenes para que, en el conjunto de la región se sucedieran estallidos sociales de magnitudes no vistas en décadas y que en algunos casos alcanzaron tonalidades abiertamente revolucionarias, como en los casos de Ecuador, Argentina, Bolivia y Venezuela. Por consecuencia, ésta búsqueda frenética por nuevos mercados no sólo está motivada por razones económicas, sino además políticas.

En este contexto, el fin del AMF se presenta como una bomba para las ya de por sí maltrechas economías latinoamericanas. La importancia del textil varía de nación a nación; en algunas tendrá mayor y en otras menor peso en la economía, no obstante el deterioro general de la base industrial de cada una de estas naciones, hace que los efectos negativos sobre cualquiera de los sectores industriales adquiera una especial relevancia.

Por ejemplo en Centroamérica tras la firma del CAFTA, el cual está en la sala de espera del Congreso norteamericano para su aprobación, la burguesía ha aceptado sumisamente que el acuerdo comercial con los EE.UU. podrá deteriorar aún más la situación que ya se vive en el campo, provocándose una migración mayor a las ciudades. El cálculo de los gobiernos de la región es que ésta migración sea absorbida por la industria maquiladora.

Pero China es un peligro real para América Latina. El desarrollo logrado por China en el mercado mundial, la ubica como la número tres después de EE. UU. y Alemania. Así, la aspiración del CAFTA se ve mermada por los bajos costos de producción en China, que la ubican como una de las naciones mas atractivas para las inversiones y la instalación de maquilas. Es en este contexto en el que se explica el hecho de que 300 de las 500 principales trasnacionales del planeta tengan industria localizada en territorio chino y de que se estime que en el futuro, tan sólo en el ramo textil, sean relocalizadas hacia esa nación aproximadamente 30 millones de empleos.

A pesar de que han sido abatidos como nunca los salarios y las condiciones laborales en Centroamérica, esta región no resulta tan atractiva para las inversiones como lo es China. Pero tras el 31 de diciembre pasado, fecha que marcó la culminación del AMF, las cosas se empeoran pues el problema ya no sólo es ser menos atractiva -como región- que china para atraer inversiones, sino que además, se pone en riesgo una industria, la textil, la cual con casi mil empresas da empleo a 380 mil centroamericanos. La perspectiva más probable en que muchas de esas empresas se vean obligadas a cerrar sus puertas con las consecuencias obvias sobre la profundización del desempleo.

Durante algunos años, de 1992 a 2002, las naciones centroamericanas lograron sacarle provecho a su cercanía con el mercado norteamericano y a la competitividad de su barata mano de obra. En ese tiempo lograron quintuplicar su volumen de exportación textil a los Estados Unidos. La pérdida del ritmo económico ascendente del imperialismo yanqui ha contrarestado en cierta medida esa tendencia, sin embargo ahora la presión china hace que lo logrado a lo largo de una década esté en riesgo de perderse.

En el Caribe, República Dominicana es la nación sobre la cual se espera que los efectos de los cambios en el mercado mundial del textil sean más demoledores. Este país, que también está fuertemente atado al mercado norteamericano, ya ha tenido que experimentar los primeros estragos sobre su industria a consecuencia del estado general de la economía mundial durante los últimos cuatro años. Y de acuerdo a estimaciones oficiales, con la liberalización de las cuotas textiles, este sector dominicano se encuentra ante la posibilidad de perder cuado menos unos 40 mil empleos de forma directa, provocando un efecto expansivo sobre otros 90 mil empleos indirectos. La valoración hecha por las autoridades sobre los efectos en el empleo indirecto, resulta interesante porque permiten entrever el hecho de que el impacto sobre el sector textil tendrá secuelas que van más lejos de esta rama industrial. Y esto que es válido para la República Dominicana -que se vea impactada- lo es para cualquier otra nación latinoamericana y del resto del orbe. Los cambios en el mercado mundial del textil tendrán implicaciones más profundas de las se consideran a simple vista.

Para el resto de la región, las cosas no pintan tan bien, el pronóstico sobre las exportaciones sudamericanas a los EE.UU. es que caigan del 16 a 5%. Esto ya ha causado alarma en países como Perú y Colombia. Argentina no se queda atrás, esta nación que fue sacudida hace podo más de tres años por destacados acontecimientos revolucionarios se está viendo obligada a tomar medidas mas radicales en comparación al resto de Latinoamérica. En general el resto de naciones latinoamericanas, incluida Argentina, apoyaron la demanda de que el fin del AMF se pospusiera por algunos años más.

No obstante, tras el inminente fracaso de esta exigencia, a diferencia de Argentina, el resto de naciones se han concentrado en la idea de emplear mecanismos ya existentes de salvaguarda sobre sus respectivas empresas, además de apelar al gobierno norteamericano para que tome medidas sobre las importaciones textiles chinas para salvaguardar sus intereses comerciales.

El caso de Argentina es diferentes, en ese país la industria textil está en ruinas y temen que las implicaciones de los cambios en el mercado mundial textil simplemente terminen por destruirla. No olvidemos que además, Argentina es una de las naciones en las que la paz social es algo mas que extremadamente frágil.

Por todo ello, es por lo que el presidente Néstor Kirchner se apresuró a emitir un decreto en el que se reglamenta la aplicación del mecanismo de salvaguardas para importaciones chinas en general, que puedan afectar a los productores nacionales de esas mercancías. A la vez en este mismo tono se emitió otro decreto que implica salvaguardas en cuanto las importaciones amenacen "obstaculizar el desarrollo ordenado del comercio". Se trata de medidas que, de necesitarse, podrían consistir en -de acuerdo al ministro de Economía, Roberto Lavagna-, "cuotas máximas de importación, el aumento de los impuestos para el ingreso de los productos u otras medidas para limitar la llegada de mercaderías que afecten la industria local. En el caso específico de los textiles y vestidos, las restricciones serán cuantitativas y se fijará una cuota máxima de hasta el 7.5 por ciento de la cantidad importada en el último año y de hasta el 6 por ciento en el caso de productos de lana, de acuerdo a lo dispuesto en la norma oficial".

Las medidas para salvaguardar al textil argentino serán vigentes hasta noviembre de 2003. No debemos descartar la posibilidad de que conforme las cosas empeoren para el resto de América Latina, otras naciones se vean en la necesidad de seguir el rumo trazado por Argentina; tampoco el hecho de que medidas similares sean endurecidas.

IX.- México

Durante los años dorados de las exportaciones mexicanas a los EE.UU., la industria textil mexicana fue un de los sectores que mejor se beneficiaron del repunte económico del vecino del norte durante los años 90. Incluso muchas veces la propaganda del Estado utilizó a este sector para enfatizar la importancia y las supuestas bondades para los mexicanos a consecuencia del TLC. Efectivamente estamos hablando de un periodo, particularmente a la segunda mitad de la década pasada, en el que México se logró ubicar entre los principales países exportadores.

Sin embargo, las cosas cambiaron tras el estancamiento económico de los EE.UU., acarreando esto como consecuencia una marcada caída por las importaciones mexicanas, incluidas las textiles. Empujando esto a la vez a una crisis de la economía mexicana, la cuál ya se extendió a lo largo de cuatro años.

Bajo estás condiciones la industria textil mostró su verdadero rostro, el cual está muy lejos de ser el que pregonó en su momento el gobierno. Se trata pues de una industria que se nutrió de la pronunciada devaluación sufrida por el peso tras los "errores de diciembre" de 1994, que se reprodujo gracias a colapsar los salarios y aniquilar los contratos colectivos, al tiempo de someter a sus trabajadores a intensas y prolongadas jornadas de trabajo. Todo ello en buena medida para compensar en algo la decrépita y atrasada capacidad instalada que en general caracteriza a este ramo industrial.

Pero bajo esas condiciones es como el ramo logró dar un salto espectacular en sus índices de producción. Así tenemos que en 1995 el sector tuvo una grave caída, -10.8% y para 1996 creció a 18.7%. Por su parte las exportaciones pasaron de los 4 mil 030 millones de dólares (enero-agosto de 1996) a 5 mil 760.3 millones de dólares (enero-agosto 97). A inicios de la segunda mitad de la década pasada, México se trasforma en el principal exportador textil hacia suelo norteamericano desplazando a China y a otros países asiáticos. Para 1997 el textil mexicano acapara el 10% de las importaciones norteamericanas. En general esa fue la tendencia de este sector hasta el 2000, año en que la economía norteamericana entra en crisis. Pero al mismo tiempo esos años significaron la recuperación de un periodo negro para el sector que se extendió de 1991 a 1994, en el cual su participación en el PIB bajó significativamente: 1991 (-3,7%), 1992 (-3,7%), 1993 (-7,4%) y 1994 (-8,4%), y como ya dijimos, 1995 (-10.8%). El precedente fue la caída de los beneficios netos registrada entre 1988 y 1992 y que llegó al 40%, como consecuencia de la caída de los precios internacionales textiles registrado en 1988 producto de la acelerada apertura comercial de aquella época. El textil nacional no estaba preparado para ese contexto y pagó las consecuencias.

Para apuntalar la recuperación de la industria textil que ya en 1997 empleaba a más de 627 mil trabajadores, el gobierno incrementa en 25% las tarifas arancelarias para las importaciones textiles provenientes de naciones con las que no se tenían acuerdos comerciales. Pero todo ese capítulo ha llegado a su fin. La integración de China a la OMC agilizó el ingreso de sus exportaciones a suelo norteamericano; eso y el estancamiento económico de los EE.UU. significó un duro revés para el textil mexicano por medio de la pérdida del primer lugar como exportador en esta rama, traduciéndose en la pérdida de aproximadamente 250 mil empleos entre 2001 y 2003.

Con el fin del AMF, las cosas se complicarán aun más pues el panorama más probable es el de que México reduzca su participación en el mercado textil norteamericano del 10 al 3%.

Pero los problemas se incrementaron a partir del pasado 31 de diciembre no sólo a partir del vencimiento del AMF, pues esa misma fecha también se venció el convenio Corte-Maquila entre EE.UU. y México, pactado en el TLC y que consistía en autorizar un trato privilegiado para los productores mexicanos para importar temporalmente 25 millones de metros cuadrados de tela cortada en EE.UU., para su confección en México y posterior exportación al mercado estadounidense. Esta prebenda favorecía a los textiles mexicanos en la medida que abarataba los costes de producción y que, por consecuencia, también posibilitaba precios más competitivos.

Con el fin del convenio Corte-Maquila los problemas se magnifican aun más para los empresarios locales, quienes junto al gobierno mexicano, han rogado desde noviembre pasado al imperialismo yanqui que se renueve el convenio. Hasta el momento el Estado norteamericano, que también se está tirando de los pelos dadas sus preocupaciones por el futuro de su propia industria textil, no ha respondido nada.

De no retomarse ese convenio, de acuerdo a la Cámara Nacional de la Industria del Vestido, se podrían perder 200 mil empleos. Ojo, y ello sin tomar en cuenta los cálculos de efectos del fin del AMF. Esta es la dura realidad de una industria que hoy en día concentra a aproximadamente un millón de trabajadores y sobre la cual existe el riesgo de que, de acuerdo a estimaciones de la Cámara Nacional de la Industria Textil, tras la caída de las exportaciones mexicanas a los EE.UU. a consecuencia de la culminación del AMF, pierda aproximadamente 400 mil plazas. Algunas regiones del país resentirán con dureza tales efectos, tal es el caso de Tlaxcala, estado en el cual la industria textil es la principal fuente de empleo.

Los empresarios mexicanos están barajando diferentes medidas para tratar de contrarrestar el efecto del fin de AMF, una de ellas es la de apostarle más al mercado interno. Sin embargo aquí también hay serios obstáculos para ese fin, pues la competitividad de las prendas y textiles chinos ha ganado terreno en el mercado local de forma extraordinaria. De acuerdo a la Cámara Nacional de la Industria del Vestido, tan sólo por el contrabando, la industria textil ha perdido 10 mil millones de dólares. Es decir, sin contar las pérdidas provocadas por las importaciones legales y sobre la cuales han podido hacer muy poco para frenar la tarifa arancelaria del 34% sobre el textil chino.

De acuerdo a la Secretaría de Economía, China exporta a México alrededor de 9 mil 400 millones de dólares al año, con lo que además de ser su principal competidor, se ha convertido también en el segundo proveedor del mercado nacional, sin contar a la Unión Europea como bloque. Tal situación por sí misma ilustra cuáles deben ser las condiciones del mercado nacional en cuanto a la procedencia de la oferta de los diferentes productos textiles.

Los empresarios también están apostando a convenios comerciales con distintas naciones latinoamericanas para definir acuerdos sobre la "denominación de origen". Es decir, convenios comerciales para que en sus distintos mercados locales sólo puedan ingresar importaciones de origen latinoamericano; claro está, dicha medida en todo caso se implementaría sin entrar en contradicción con el TLC.

Aquí también hay obstáculos importantes que podrían echar a tierra estas aspiraciones. La más reciente sorpresa china es que durante el año pasado América Latina se convirtió en el principal destino de las inversiones chinas. Tan sólo durante los primeros 11 meses del año pasado, esta región superó a Hong Kong al captar 889 millones de dólares de los mil 800 millones que China exportó en inversiones.

Más de la mitad de las inversiones chinas a nuestro sub continente se dirigieron hacia el sector minero. Efectivamente China implementa esta medida como una iniciativa para tratar de crear una base materia que sacie su enorme sed de materias primas y minerales. Pero la estrategia china hacia su clase trabajadora como una pieza fundamental para el desarrollo que ha experimentado en lo últimos años, demuestra que la burocracia estalinista de este país ha aprendido bastante bien parte de las más importantes estratagemas de la burguesía.

Y en este caso, si bien las inversiones chinas sobre América Latina están aun lejos de los montos provenientes de los EE.UU. y la UE, en condiciones de las serias complicaciones económicas que nuestro sub continente ha padecido durante los últimos cuatro años, entre ellas un paulatino pero constante repliegue de la inversión extrajera, en esas condiciones, cada dólar adquiere una singular relevancia para estas economías sedientas de inversiones. La burocracia china lo sabe, es consciente de ello, y tratará de utilizar esta necesidad de la misma forma en que lo hacen las naciones imperialistas por medio de las inversiones, es decir, chantajear y presionar a los diferentes gobiernos latinoamericanos para que, más que poner trabas a sus exportaciones, las favorezcan.

Por otra parte los empresarios mexicanos están presionando al gobierno para que aplique medidas aduaneras más severas contra las exportaciones chinas; por el momento lo que han logrado es el anuncio de un programa para el 2005 por parte del gobierno federal consistente en reducir las tarifas de la energía eléctrica y la reducción de aranceles para las importaciones de materias primas y otros insumos necesarios para la industria textil. En la práctica esas son medidas proteccionistas, pues de esta forma el gobierno estará subsidiando a las empresas de este sector.

Por el momento esas son las intenciones y las medidas anunciadas por la burguesía y su gobierno para tratar de contrarrestar la competencia del textil chino; sin embargo algo que no han mencionado y que seguramente ya es una medida que han echado a andar, es la de tratar de elevar la productividad por medio del despido. Es decir, tratarán de ahorrarse los salarios que les sea posible echando a la calle a una capa de trabajadores para forzar a los que se queden en la fábrica a producir lo mismo o más de lo que se lograba antes de que se presentaran los despidos. Para ello forzarán a los trabajadores en activo a laborar intensas y agotadoras jornadas de trabajo de 10, 11, hasta 12 horas de trabajo diarias.

También lo mas seguro es que las condiciones generen un nuevo impulso en la precarización y miles de trabajadores de este sector se verán forzados a laborar sin ninguna prestación laboral y sin ninguna clase de estabilidad, dado que lo predominante serán las contrataciones semanales, quincenales o mensuales. Con estas medidas intentarán bajar los costes de producción para que el precio final de las diferentes mercancías sea más competitivo que el actual. Aquellas empresas que no logren bajar los costes de producción a un nivel competitivo estarán condenadas a la bancarrota.

Claro está, para que la burguesía llegue tan lejos se necesitará que la clase trabajadora se lo autorice, y considerando la recuperación que ha demostrado el movimiento obrero en el último periodo, al parecer no será tan fácil lograr dicha autorización. Es decir, la lucha de clases se agudizará.

X.- La lucha por el Mercado Mundial

Como explicaron los padres del materialismo científico, Marx y Engels, el capitalismo sólo se puede desarrollar a condición de que se estén continuamente desarrollando las fuerzas productivas. Durante su periodo mas temprano, el de la génesis capitalista, para su consolidación como modo de producción dominante, el capitalismo tuvo que derrumbar todo tipo de trabas medievales, entre ellas la atomización de los diferentes territorios en pequeños reinos y feudos para la construcción del mercado nacional que permitiera la libre movilidad de mercancías y de mano de obra.

Este desarrollo, al lado de la sustitución del régimen de trabajo gremial por el manufacturado (división técnica del proceso productivo), sentó las bases para un nuevo impulso en el desarrollo de las fuerzas productivas, transformando al mercado nacional no sólo insuficiente sino incluso un obstáculo para la concentración capitalista.

En adelante el territorio de los países vecinos junto con los de Asia, África y América, adquirieron una mayor relevancia para la entonces joven burguesía europea. Siendo así la lucha - durante aproximadamente dos siglos- por ampliar las diferentes esferas de influencia y dominación, a la cual se unen naciones como los EE.UU. Alemania y Japón a mediados del siglo XIX, esta lucha se dirimió por medio de confrontaciones bélicas en las que actuaron directamente las diferentes potencias económicas, unas contra otras.

Los duros estragos sobre la economía de la II Guerra mundial, motivó a los imperialistas a buscar otros medios en su lucha por el mercado mundial optando por los tratados comerciales, en este contexto nace el GATT, para intentar ejercer un mayor control sobre las naciones coloniales o excoloniales por diferentes medios muy eficientes, entre ellos, la deuda. A pesar de esto, las potencias no renunciaron a la guerra, pero ésta dejó de expresarse por medio de confrontaciones directas entre las mismas, y se expresó a través de guerras regionales que enfrentaban, y lo siguen haciendo aun, a distintas naciones coloniales entre sí, cada una representando los intereses comerciales de diferentes trasnacionales.

Por supuesto que en todos esos años ha habido confrontaciones por el mercado entre las potencias imperialistas, pero su expresión ha sido por medio de las llamadas "guerras comerciales". Un ejemplo lo encontramos en lo que se conoció como la "guerra del banano", que se prolongaría varios años y que iniciara a raíz de restricciones impuestas por la UE hacia las importaciones centroamericanas de este producto en su territorio. La respuesta de los EE.UU. fue similar a la de la UE pero en relación al banano asiático. En esta disputa actuaron los europeos a favor de sus intereses agrícolas en Asia y los norteamericanos a los de sus multinacionales agrícolas y del alimento en Centroamérica.

Lo anterior es sólo una muestra de que ratifica una de las tesis fundamentales del pensamiento de Marx, la cual destaca que la sobre inversión tarde o temprano empuja a la industria a la sobreproducción, enfrentándola en un momento dado con los límites materiales del mercado.

Y eso es precisamente lo que está aconteciendo hoy en día. El nivel logrado por el desarrollo de las fuerzas productivas ha topado con los límites naturales del mercado mundial; es decir, las diferentes ramas de la industria producen por encima de la capacidad limitada del consumo de las masas de todo el planeta. Esta contradicción pareciera un absurdo si consideramos que en estos momentos millones de seres humanos sólo visten harapos, que otros millones aran la tierra con herramientas de cultivo precapitalistas y que otros tantos tienen que caminar kilómetros todos los días para ir a su centro de trabajo; ello al mismo tiempo de que los almacenes de las grandes industrias están repletos de ropa, autos y tractores sin encontrar un comprador y por consecuencia, un uso útil para la sociedad.

Esta no es otra cosa mas que una contradicción producto del régimen de la propiedad privada capitalista, el cual, y es imposible que sea de otra forma bajo este modo de producción, orienta la producción hacia la obtención de beneficios privados por encima de las necesidades sociales.

Esta contradicción y los elementos que derivan de ella son los que provocan las crisis cíclicas del capitalismo y que encuentran una manifestación por medio del mercado mundial, abarcando a prácticamente todos los sectores de la producción. Y este es el caso de la industria textil, incluso antes del vencimiento del AMF y por tanto los pronósticos a partir de los cambios que se manifestarán desde el 1º de enero pasado, no son otra cosa más que una expresión de las incapacidad del mercado mundial para consumir la producción de este sector.

En circunstancias de esta naturaleza, como explica Ted Grant, "las diferentes potencias imperialistas no van a poder encontrar una vía de escape en las contradicciones nacionales [mercado nacional], excepto en el mercado internacional y a expensas de los demás."

El exceso de oferta por sí mismo es un problema porque satura el mercado, pero esto conlleva problemas concomitantes y entre ellos se sitúa la caída de los precios. Este fenómeno, que es imposible de evitar dada la "sobre capacidad", provoca al mismo tiempo la caída de los beneficios industriales desalentando de esta manera las inversiones, arrojando gradualmente a la economía o a un sector de la misma a la ruina.

Y este es el riesgo que enfrenta la industria textil de todo el planeta y la explicación de fondo no es la culminación del AMF. La base sobre la que se explica la actual crisis textil es la sobreinversión en este sector de la industria china, guiada por la particular competitividad de los productos de esa nación en el mercado mundial, la cual es a la vez, incentivada por sus bajos costes de producción que tienen como principal pilar el abatimiento de los salarios y el abatimiento de las condiciones laborales de la clase trabajadora china, que en el caso del textil emplea a nada menos que 20 millones de seres humanos. Es de esta manera como las trasnacionales que invierten en China -y la ya claramente identificable burguesía china-, han obtenido sus beneficios: sobre la espalda de millones de chinos y exportando el desempleo a otras regiones. Reconocer la razón de fondo que subyace en la actual crisis del textil no implica relegar a un plano marginal la culminación del AMF; los datos antes expuestos nos permiten asegurar con toda facilidad que lo que se avecina encierra más que enormes riesgos para las diferentes industrias textiles nacionales, especialmente en las naciones más atrasadas y en algunas no tanto. A este último respecto, está el caso de España que si bien no es el eslabón más débil de la UE, lejos está de jugar el papel de Alemania o Francia. Los empresarios textiles españoles están aterrados por los cambios que se avecinan y están exigiendo medidas drásticas para protegerse de la embestida china. China posee condiciones muy favorables para continuar ganando espacio en el mercado mundial del textil, su posición como principal exportador en esta rama la logró a pesar de la vigencia del AMF, en esa medida el fin de este convenio implicará es que se acelere un proceso que ya se venía desarrollando. Sin el AMF queda barrida una traba jurídica, en tanto artificial, que limitó durante un tiempo el ritmo de este fenómeno. Sin embargo tras la liberación de las cuotas de exportación textil, China está frente a un potencial desarrollo en este mercado que le permitirá, si es que antes no hay un cambio fundamental en la ecuación, monopolizar a mediano plazo la mitad de las exportaciones mundiales de esta industria.

Este potencial por sí mismo ya ha puesto a China en la mira de muchos inversionistas quienes están tocando a las puertas de la burocracia para hablar de negocios. Conforme los acontecimientos se desarrollen y China ocupe cada vez mas espacio en el mercado mundial del textil, ésta tendencia se incrementará, agudizando con ello la crisis textil al ir haciéndose cada vez más estrecho el mercado.

En buena medida lo acontecimientos futuros dependerán en última instancia de la capacidad del mercado para darle salida a la producción textil del planeta, de hecho ya existen importantes indicios que reflejan agotamiento del mercado mundial en este rubro. De ello son testimonio las fábricas cerradas en Latinoamérica, incluido México, en España y en los propios EE.UU.

Pero los síntomas también se han expresado en la
 
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