| 2 Poemas de V. Maiakovski |
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| jueves, 25 de marzo de 2004 | |
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LA FLAUTA ESPINA DORSAL
Para todos vosotros, los que me gustaban o me gustan, guardados por las imágenes santas en la cueva, levanto el cráneo lleno de versos, como una copa de vino en un brindis de sobremesa. Pienso más y más a menudo: sería mejor poner el fin con la punta de una bala: Hoy mismo, por si acaso, doy un concierto de despedida. ¡Memoria! Recoge en la sala del cerebro las filas inagotables de los amados. Vierte la risa de los ojos en los ojos. Adorna la noche de las bodas pasadas. Verted la alegría de la carne en la carne. Que la noche no se olvide de nadie. Hoy tocaré la flauta En mi propia espina dorsal. ¡ESCUCHAD! ¡Escuchad! Acaso, si las estrellas brillan, ¿es que hay a quien le haga falta? ¿Es que alguien quiere que estén? ¿Es que alguien toma estas escupitinas por perlas? Y a gritos, entre polvaredas de mediodía, se abre paso hacia dios, teme que nadie le espere, llora, besa su mano nervuda, ruega, ¡habrá por fuerza una estrella! clama, ¡no aguantará este calvario a oscuras! Y después anda inquieto, con expresión de calma. Le dice a alguien: «¿Acaso ya no tienes nada? ¿No da miedo? ¡¿Sí?!» ¡Escuchad! Acaso, si las estrellas brillan, ¿es que hay a quien le haga falta? ¡¿Es que es preciso que cada vez que anochece sobre los tejados se encienda siquiera una estrella?! |