Corriente Marxista Revolucionaria
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Un Canto de amor por la Revolución PDF Imprimir E-Mail
jueves, 11 de diciembre de 2003
Las afueras del Poliedro se habían inundado, como horas antes lo habían estado la Av. Bolívar. Decenas de miles de personas, ondeando banderas venezolanas y cubanas, unidas por la amistad y solidaridad, se presentaron como un inmenso mar rojo de aleg Una noche tan ansiada que completaba un día de conmemoración y festejos. Hace tantos años que no nos visitaban, hace tanto tiempo que esperábamos su visita. Y al fin vinieron, a cantar junto a los nuestros en celebración del triunfo de la esperanza, del primer paso hacia una nueva patria. Silvio, como siempre, el más esperado, el más conocido. Algunos no habían escuchado todavía a sus compañeros Amaury Pérez y Carlos Varela. Pero todos fueron recibidos con mucho entusiasmo, compartiendo alegrías y canciones.

Las afueras del Poliedro se habían inundado, como horas antes lo habían estado la Av. Bolívar. Decenas de miles de personas, ondeando banderas venezolanas y cubanas, unidas por la amistad y solidaridad, se presentaron como un inmenso mar rojo de alegría. Algunos, con el aguante suficiente, incluso fueron de la marcha matutina al recital nocturno. Otros pudimos disfrutar del concierto gracias a la transmisión de VTV, donde además de la música de José Montecano, Carlos Varela, Amaury Pérez, Cecilia Todd, Silvio Rodríguez y Lilia Vera, pudimos disfrutar del humor inteligente de los Robertos (Roberto Malaver y Roberto Hernández Montoya).

José Montecano, hermano del Cantor del Pueblo Alí Primera, abrió el concierto con un sentido homenaje al Plan Barrio Adentro. Carlos Varela le dedica su primera canción al camarada Alí:

Las iglesias hablan de la salvación
y la gente reza y pide cosas en silencio, como los peces,
y en la cara de Jesús hay una lágrima rodando
lágrimas negras


que tanto nos recuerda a aquella “No basta rezar” de nuestro cantor. Amaury Pérez, con una pañoleta al cuello de la Misión Robinson, nos contó sus recuerdos cuando desde lejos vivió con nosotros los turbulentos días de Abril. Desde Cuba nos acompañaba Fidel Castro, según comentó Amaury entre canción y canción. Cuando Cecilia Todd, con su inconfundible voz y canto nacional le cedió el escenario a Silvio Rodríguez, la ovación se sintió por todo nuestro valle hasta la cima de nuestro Guaraira Repano. Silvio agradeció la invitación que le hizo el Presidente Chávez y manifestó su voto de esperanza por la patria de Bolívar. El Dulce Abismo fue dedicada a los cinco compañeros cubanos que el imperio mantiene prisioneros en sus cárceles:

Amada supón que me voy lejos,
tan lejos que olvidaré mi nombre.
Amada, quizás soy otro hombre, más alto y menos viejo,
que espera por sí mismo,
allá lejos, allá trepando el dulce abismo


Para pedirle al trovador que compartiera un rato más con nosotros, el público proclamó “¡Uh, ah!, Silvio no se va”. Y no se fue, pues volvió con su “Te Recuerdo Amanda”.

Silvio nos permitió conocer de su última producción, Cita con Ángeles, dos títulos que todos escuchamos con atención. Además de la que da título al disco, compartió “Quiero cantarte un beso”, que compuso luego de los sucesos de Setiembre 2001:

Quiero cantarte un beso,
mas todo se confunde
entre un millón de huesos
y derrumbes.
Así que el beso huye
con ojos de reproche,
mientras la sangre fluye
por las noches.

La muerte se ha regado
por toda la pradera.
A aquel que la ha sembrado
¿qué le espera?
Dicen que el responsable
nunca ha gastado cuernos,
sino un traje impecable
en los infiernos.

Y vuelve la necesidad
de repasarme dónde estoy,
si existe o no la humanidad
y si se ha visto hoy.

La esfera agonizando
todos los días explota
y nadie está mirando
que está rota.
Treinta y cinco mil niños
mataron ese día.
La tele no hizo un guiño
todavía.

Y vuelve la necesidad
de repasarme dónde estoy,
si existe o no la humanidad
y si se ha visto hoy.

Grandes ilusionistas
con hazañas de alarde,
dicen que son altruistas
los cobardes.
Mientras el poderoso
más ordena y más traga
y el pequeño ripioso
siempre paga.

Y vuelve la necesidad
de repasarme dónde estoy,
si existe o no la humanidad
y si se ha visto hoy.

Creí que nadie estaba,
que nada respondía,
pero el amor velaba
todavía.
Y el viejo centinela,
en medio del desierto,
prendió infinitas velas
por los muertos.

 
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